23 de Septiembre de 2018

Opinión

"El aire que respiramos"

Es preocupante escuchar decir que Mérida está libre de problemas de contaminación del aire, sobre todo ante el enorme parque vehicular que inunda sus calles.

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Es preocupante escuchar decir que Mérida está libre de problemas de contaminación del aire, sobre todo ante el enorme parque vehicular que inunda sus calles; lo cierto es que la contaminación del aire urbano es un problema en todo tipo de ciudades, especialmente si sus calles son ríos de autos. El intenso e incesante tráfico, unido a emisiones de puntos fijos, convierte el aire de las ciudades de todo el mundo en espacios cubiertos de esmog, especialmente a ciertas horas del día, en nuestro caso durante las horas de calma, es decir, cuando el viento amaina. Lo cierto es que, aunque sea temporalmente, las concentraciones de contaminantes pueden sobrepasar el límite de seguridad para la salud humana marcado por la OMS.

Como referente hay que tener en cuenta que la OMS marca estos límites de seguridad por debajo de los 20mcg/m3 (para los contaminantes urbanos “clásicos” como el SO2, los óxidos de nitrógeno, las partículas suspendidas totales, etc.).

Como caso especial, en una de las ciudades más limpias, París, el promedio anual era de 38 mcg/m3, lo que hizo que los parisinos aplicaran medidas correctivas que han resultado muy eficaces, entre ellas limitar el tráfico de vehículos por la ciudad, ofrecer un mejor y más eficiente transporte público y el uso gratuito de bicicletas y disminuir el uso de los vehículos de servicio municipal a lo mínimo necesario; con todo esto, París consiguió reducir sus niveles de concentración, generando una irreversible educación y un compromiso de todos sus habitantes.

¿En nuestro caso qué sucede? En primer lugar, desconocemos la calidad del aire que respiramos, lo que nos impide saber cuál es el factor con mayor incidencia; si contáramos con esta información podríamos reducir la contaminación dentro y fuera de los hogares, mejorando la salud de todos.

Siempre recuerdo el comentario de una estudiante extranjera, que, después de varios días en Mérida, me dijo que en nuestra ciudad había que hacer algo, pues su Centro Histórico apestaba; huele mal, le dije, y me insistió: no, apesta; tal vez no todo el día, pero sí antes del mediodía. Lo cierto es que todos somos responsables de lo que respiramos. Qué es lo urgente: una red automática de monitoreo continuo de la calidad del aire.

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