12 de Diciembre de 2017

Opinión

El agua en nuestras calles

En Mérida, ninguna vialidad se pavimenta considerando su diseño para eficientar la evacuación de las aguas de lluvia.

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Y el Dios Chac no desea que deje de hablar del agua en el espacio urbano, tema que la lluvia del sábado trajo a colación, dada la problemática generada por los volúmenes de precipitación que se presentaron. Alguien me decía que el problema es que fue una lluvia extraordinaria, pero lo cierto es que las capacidades de desalojo de un sistema de drenaje pluvial deben considerar la intensidad de una lluvia con un periodo de retorno adecuado, con las intensidades correspondientes a los tiempos de concentración de las áreas de aportación en cada punto de captación.

En este sentido, si bien está permitido que el escurrimiento del agua de lluvia por las orillas viales pueda efectuarse como si fueran canales superficiales, esto sólo es viable si se evita la formación permanente de encharcamientos que dificulten y pongan en riesgo el tráfico de vehículos y de peatones.

El gasto máximo a evacuar en los puntos de ubicación de las coladeras o bocas de tormenta se debe calcular mediante el método racional, considerando un coeficiente de escurrimiento acorde con el tipo y material de la superficie de rodamiento, aplicando una intensidad de lluvia para un periodo de retorno de no menos de 25 años; sin embargo, si la pendiente longitudinal de las calles está por debajo del 0.5%, el período de retorno no podrá ser menor de 50 años; en todos los casos, el gasto a evacuar se debe calcular considerando una lluvia con una intensidad correspondiente a no más de 10 minutos de duración.

Lo cierto es que en nuestra ciudad ninguna vialidad se pavimenta considerando su diseño altimétrico para eficientar la evacuación de las aguas de lluvia; es decir, optimizar la ubicación y características de la infraestructura de captación, de manera que no tenemos calles en las que el encharcamiento no rebase un ancho máximo de un metro, medido perpendicularmente desde la guarnición, con dirección al centro o eje de la vialidad, para el gasto máximo de diseño.

Pero lo más grave es que no se diseñan estructuras de infiltración adecuadas, como tanques de tormenta, y dada nuestra estructura geológica no se aprovechan como espacios de infiltración las cuevas y cavernas que abundan debajo de nuestro espacio vial. Seguiremos.

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