17 de Noviembre de 2018

Opinión

Autobuses

El poder de la pluma

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Suena a un montón 16,359, y la razón es que son muchísimos. Es la cantidad de unidades de las que consta la flota entera de autobuses de transporte urbano de la ciudad de Shenzhen, en China. Y lo interesante es que absolutamente todos esos 16,359 autobuses, a partir del 27 de diciembre de 2017 pasado, son ya 100% eléctricos. Para dimensionar este importante logro, puedo decirte que si sumamos las 5 más numerosas flotas de autobuses de ciudades de Norteamérica, que corresponden a Nueva York, Los Angeles, Nueva Jersey, Chicago y Toronto, no alcanzan la cifra que posee Shenzhen. La siguiente meta es que su flota de 17,000 unidades de taxi sean eléctricos en 2020 o antes. Yo creo que lo lograrán, puesto que hoy mismo ya cerca del 75% de los automóvies de taxi lo son.

Para alcanzar algo, lo primero que habría que hacer es fijarlo como objetivo importante, que se desea conquistar, porque los beneficios que derivarían de conseguirlo, serían de gran impacto benéfico. Pienso que una ciudad como Mérida ya debería estar pensando en plantearse una meta de semejante calibre. Y ¿por qué opino esto? ¿Qué importancia tendría cambiar los autobuses que operan con diesel, por unos completamente eléctricos?, en primer lugar tenemos que destacar que son muchos, quizá la cifra absoluta no espante a nadie, pero, en términos relativos, Mérida tiene incluso más autobuses que Shenzhen y que otras muchas ciudades del planeta.

Toronto con 2.65 millones de habitantes, cuenta con una flota de 1,926 autobuses, es decir, 1 camión por cada 1,375 habitantes. En Chicago circula 1 autobus urbano de pasajeros por cada 1,460 habitantes, en Shenzhen existe uno por cada 648 personas, y Mérida tiene 1 autobús para cada 498 personas.

En esta ciudad corremos el enorme peligro de restar importancia, y por lo tanto no poner soluciones, a problemas de los cuales ignoramos o no entendemos la relación directa que tienen con amenazas serias para nuestra salud, calidad de vida y medio ambiente. Por ejemplo, al no quedarse atrapadas las emisiones de CO2 de los vehículos automotores, gracias a que nuestra geomorfología es diferente a la de la Ciudad de México, podríamos cometer la enorme equivocación de decir: “En Mérida el aire no está contaminado”. ¡Claro que está contaminado! Lo que sucede es que se disipa con cierta facilidad, pero eso no significa que desaparezca o que no exista, y los autobuses son en gran parte responsables de estas emisiones contaminantes.

Shenzhen reducirá en 1.35 millones de toneladas sus emisiones de carbono, y ahorrará 345,000 toneladas de cumbustible anualmente, además de que sin el rugir de tantos motores diesel, tendrán sus habitantes una ciudad inmensamente más silenciosa que antes. ¿No merece Mérida algo así?

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