20 de Septiembre de 2018

Opinión

Verde urbano

Si pretendiéramos que un modelo de ciudad compacta, con políticas de crecimiento inteligente, tome fuerza para ser aplicado en nuestra Mérida.

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Si pretendiéramos que un modelo de ciudad compacta, con políticas de crecimiento inteligente, tome fuerza para ser aplicado en nuestra Mérida, habría que tener presente que la columna vertebral de este modelo es el espacio público, en el cual debe establecerse un sistema verde que incluya desde el arbolado viario y los jardines de las colonias, hasta los grandes parques periurbanos, con el objetivo de configurar una trama urbana en la que el ciudadano se sienta a gusto.

El urbanismo de hoy debe tender a la humanización de las ciudades y, para lograrlo, el verde urbano es decisivo, ya que consolida el acceso a la naturaleza como derecho social. El concepto de verde público debe basarse en criterios de uso y disfrute colectivo y vertebrarse con parámetros ambientales. Así, los espacios verdes urbanos cumplirán funciones ambientales y proveerán beneficios sociales.

Cerca de 4% de la superficie total del planeta está cubierta por ecosistemas urbanos, y en 2020, cerca del 80% de la población total de un país desarrollado habitará en áreas urbanas; eso significa que 4,000 millones de personas residirán en ciudades, lo que las convierte en los espacios más importantes en materia de bienestar, productividad e impacto ecológico, y confirma la necesidad de planificar su crecimiento urbanístico, tomando muy en cuenta los requerimientos ambientales que implica el aumento poblacional.

Uno de los principales indicadores de la calidad de vida en una ciudad suele expresarse en cantidad de vegetación disponible o de árboles por habitante, por eso el objetivo del verde urbano no es solamente generar espacios agradables y estéticos, sino satisfacer carencias ambientales. En el programa “El hombre y la biósfera” de la Unesco, se otorga relevancia a los espacios verdes como elemento fundamental del equilibrio ecológico de las ciudades, porque su aportación de biomasa genera una mejora tangible del ambiente urbano. Los espacios verdes constituyen ecosistemas integrados por suelo, agua, vegetación y fauna, que sólo podrán satisfacer las necesidades fisiológicas, psicológicas, ambientales, sociales y estéticas si se encuentren en equilibrio. Favorecen la aportación de oxígeno, fijan el CO2, reducen la contaminación, moderan las temperaturas extremas, amortiguan el ruido, evitan la erosión del suelo, favorecen entornos con alta tasa de biodiversidad, ricos y equilibrados. Si se trata de zonas verdes extensas, posibilitan la colonización por parte de insectos, aves y pequeños mamíferos, que cumplen funciones tan importantes como el control de plagas y la polinización; además la vegetación influye en el equilibrio psicosomático.

Algunos desarrolladores urbanos ya están actuando en consecuencia. La autoridad municipal tiene que incentivar esto y nunca constituir un obstáculo.

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