18 de Diciembre de 2018

Opinión

La soledad

Uno no sabe que es una persona solitaria hasta que alguien que nos quiere de verdad lo dice.

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Este texto ya no es mío… ahora te pertenece

Uno no sabe que es una persona solitaria hasta que alguien que nos quiere de verdad, lo dice. Entonces nos damos cuenta que sí, que somos seres solitarios, y aunque suene contradictorio, en ese momento comienza la verdadera introspección.

A pesar de lo que se diga, la soledad no significa estar solo, significa estar con uno mismo. Y quizá por eso los de esta época huimos todo el tiempo de los momentos sin compañía, los detestamos, porque se relacionan con enfrentar nuestros miedos y rencores, nuestros silencios y heridas más profundas.

La soledad es el único estado que le permite al hombre ser quien realmente es. Únicamente cuando convivimos con nosotros, somos capaces de demostrar anhelos y frustraciones verdaderas; de lo contrario siempre tenemos máscaras o construcciones falsas basadas en lo que nos gustaría ser ante los demás. En la convivencia diaria importan mucho más las apariencias que aquello que realmente nos construye como humanos, por eso pasamos nuestra vida ocultos.

Sin embargo, esto se rompe cuando convivimos con nuestra soledad. Aquí el silencio se vuelve lo más importante porque es en él donde tenemos la capacidad de escucharnos y saber quiénes somos, hacia dónde vamos.

Hace más de un siglo el poeta Juan Ramón Jiménez publicó “Soledad”, un texto en el que explora la semejanza del mar y el hombre: “En ti estás todo, mar, y sin embargo/¡qué sin ti estás, qué solo/ qué lejos, siempre, de ti mismo!/ Abierto en mil heridas, cada instante/ cual mi frente/ tus olas van, como mis pensamientos/ y vienen, van y vienen/ besándose, apartándose/ en un eterno conocerse/ mar, y desconocerse/ Eres tú, y no lo sabes/ tu corazón te late y no lo siente.../¡Qué plenitud de soledad, mar solo!”.

Habría que entender que el hombre no es completo hasta que no acepta a la soledad como una condición humana. Una vez logrado, entonces puede conocer sus heridas, sanarlas, alcanzar la paz... tanto como el mar por la tarde cuando va cayendo el sol.

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