12 de Noviembre de 2018

Opinión

Se buscan sucesores

Conforme pasan los años, uno siente la necesidad de entregar la estafeta a la nueva generación.

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Conforme pasan los años, uno siente la necesidad de entregar la estafeta a la nueva generación. Pero no sólo es entregar, puesto que implica haber llenado los requisitos profesionales y éticos que una institución reclama, máxime en tiempos de turbulencia, donde el garbanzo de a libra es casi imposible de encontrar.

Cuando llevas tres décadas de lucha y sacando la casta por alcanzar el bien común, eso te permite hacer analogías y hoy lo haré con uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos, Rafael Nadal, quien al quedar descalificado recientemente en una competencia, aceptó que energía, ganas y actitud no le faltaban, pero el cuerpo ya no respondía a la señal neuronal cerebral para dar resultados de otra época. Eso no quiere decir que seamos inútiles con el paso de los años, ni tampoco hay que desgarrarse la vestiduras para dictar largo currículo de la efímera vida mundana con el afán de justificar la decadencia.

Es evidente que se llega a un punto que hace impostergable moldear a quienes quieren servir y no servirse, a quienes con humildad y “empanizados” con ese sabor del don de gentes que los caracteriza elegimos y cual barro damos forma. Me refiero a aquellos que no se rinden a la adversidad. Son colosos en potencia que descubrimos en nuestro cotidiano andar. Hay que orientarlos e insistirles que así se edifica la experiencia médica: entregándose e inclusive arriesgando la salud y la vida por el bien de los demás.

Amable lector, quiero decirte que “sí se puede y lo estamos logrando”. El cuerpo curtido con mente lúcida siente alivio y confianza por el futuro de los moradores del Mayab cuando de la medicina institucional hablamos. Recursos menguados no achican el corazón y la razón de estos galenos. Están los mejores en el campo de batalla, allende lujosos espacios o irreverentes actitudes. Son los nuevos “corazón de león”, cabalgando en los ex terrenos del Fénix.

Dando seguimiento a mi columna de la semana pasada, te aseguro que los ídolos con pies de barro quedarán enterrados en la ignominia peninsular, pero uno o dos nombres trascenderán para gloria del gladiador del General Regional.

Sólo digo a los nuevos guerreros, futuro orgullo peninsular, que lo más importante es lealtad, honestidad, dedicación, entereza, paciencia y apertura a la resistencia. La medicina se renueva y buscamos sucesores que llenen los espacios de maestros de aquella época de oro, que aún son recordados en los 75 años de existencia del IMSS.

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