24 de Septiembre de 2018

Opinión

"Embiste el coloso"

La tierra explota, de Giovanni Sartori, destacaba hace más de una década: “El reino del hombre llegará a duras penas al 2100”.

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Nuevamente, anteanoche, volvimos a ser presa de los embates de la naturaleza, que cobra factura por la violencia que contra ella ejercemos todos los días. Los dogmáticos seguramente verán reforzadas sus rígidas creencias: “Habrá guerras, hambres, terremotos y persecución; los cuerpos celestes serán conmovidos y entonces lo lamentarán todas las tribus de la tierra” (San Mateo).

La tierra explota, de Giovanni Sartori, destacaba hace más de una década: “El reino del hombre llegará a duras penas al 2100”. Desde cualquier ángulo los mensajes convergen en un punto: estamos acabando con nuestro planeta. Revisemos algunos aspectos:

  1. Sobrepoblación: El siglo XXI comenzó con 6 mil millones de personas y hoy somos 1,500 millones más; México ya tiene 131 millones. Diez años bastaron para su cabalgante crecimiento. Apreciamos cómo la explosión demográfica afecta a familias y estados. Tiene dentro de su trágico cortejo al analfabetismo, la falta de alimentos y viviendas. Esta inestabilidad social engendra el desempleo y la violencia no se hace esperar.
  2. Pobreza: En el mundo millones pasan hambre. Se estima que cerca de 200 millones de niños y niñas viven y trabajan en las calles de las ciudades en desarrollo, 4 de cada 10 están en América Latina. Sobreviven robando, mendigando o realizando diferentes trabajos, incluyendo la prostitución. Nuestro medio no es la excepción y conocemos del crecimiento paulatino cuando de violencia y vejaciones en menores hablamos.
  3. Degradación del medio ambiente: Recalentamiento de la tierra, deshielos, polución atmosférica, CO2 alto, inundaciones, fenómenos meteorológicos devastadores, y muerte por doquier. La tala clandestina de las áreas verdes amenaza a sus moradores y reservas protegidas.
  4. Enfermedades: Son la consecuencia de la suma de los factores mencionados, ocupando primer lugar de muerte las enfermedades coronarias, seguidas por los eventos vasculares e infecciones respiratorias. Habrá que abonarle la manipulación y contubernio de las grandes industrias farmacéuticas cuando de creación de virus para la guerra biológica y medicamentos hablamos.

Lo que sucede es consecuencia del egoísmo y apatía humanos. Vivimos catástrofes naturales de tamaños insospechados. Pronto las guerras serán por falta de agua y alimentos y no por tierras ni petróleo. Sigamos alterando el ecosistema y la magnitud de los fenómenos no podrá ser acallada con discursos políticos ni con todo el dinero del mundo.

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