14 de Agosto de 2018

Opinión

T-1, Hospital amigo del Niño y la Niña

El poder de la pluma

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Todavía recuerdo aquella tarde cuando salía de la oficina y fui abordado por la Dra. Waty, entusista, joven pediatra, que denota en cada acción su deseo de servicio, comunicación y don de gentes. Sin dejarme articular palabra, me llevó del brazo al salón donde un grupo de profesionistas grababa mensajes relacionados con la lactancia materna como marco referencial del programa mundial “Hospital Amigo del Niño y la Niña”. Ya te habrás imaginado lo que me enorgulleció trascender con algunas palabras en cortometraje histórico.

Menos de un año después se presenta la oportunidad de lograr la honrosa certificación, que bajo estrictos controles supervisan y avalan OMS y Unicef. Esta iniciativa lleva 27 años transitando entre obstáculos y facciosa mercadotecnia. Sólo baste recordar cómo la lactancia materna llega a tener estrepitosa caída en nuestro país de acuerdo CON Ensanut 2012, con 14% en la zona urbana y poco más del 18% en la rural, de tal manera que prácticamente habíamos criminalmente relegado, bajo “infantiles pretextos”, al más puro, barato y nutritivo alimento de los primeros dos años de vida.

Visualicé aquella postal que resaltaba la dinámica e incansable actitud de tres doctoras, cuyas ideas estimularon cada fibra nerviosa y retaron mi cerebro y músculos aquel jueves histórico, cual pasaje imborrable de mi efímera existencia.

Ahora, en marzo del 2018, el hospital más emblemático del sureste mexicano del IMSS -la T-1-, tiene la oportunidad de demostrar lo trabajado de forma conjunta y el fruto de las estrategias y puesta en marcha cotidianas con el afán de informar, concientzar y defender el derecho de los niños y niñas y recibir, desde su nacimiento, la cantidad suficiente de nutrimentos y defensas que los protejan en el arranque de su nueva vida.

Stephen Hawking (+), británico gravemente discapacitado, en algún momento redefinió la riqueza. El Dr. Hawking indicaba que el dinero le había permitido alcanzar el éxito a través de la ayuda a los demás, siendo éste un motivo para seguir vivo. Como persona discapacitada dejaba entrever que lo más maravilloso es la salud y hay que protegerla desde sus inicios. Concluía: por todo ello, siento que cada día soy más afortunado, y no por lo que poseo, sino por lo que disfruto a través de la satisfacción de los demás.

Te invito a compartir esa visión y realizar un esfuerzo colectivo en torno a la lactancia materna. En tus manos está evitar el triunfo de la mercadotecnia y escenarios prefabricados. No existe nada más impecablemente perfecto que la lecha materna. ¡He dicho!

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