10 de Diciembre de 2017

Opinión

Belleza enferma

Anorexia y bulimia son un laberinto para muchos adolescentes ¿cómo sacarlos de ahí?

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La rapidez con que vivimos nos ciega ante lo evidente: muchos adolescentes buscan incansablemente la belleza física, olvidando que lo único perdurable son los sólidos cimientos morales y lo que cultivemos intelectualmente.

En este enfermizo laberinto, al final sólo encontraremos desasosiego y enfermedades
como anorexia y bulimia.

Los desórdenes de alimentación, como la anorexia y la bulimia nerviosa, representan serios problemas de salud en mujeres jóvenes y en menor proporción en varones (cinco por ciento). Las anoréxicas comen pequeñas cantidades de comida y pierden peso corporal, las bulímicas comen en grandes cantidades y vomitan o usan otros métodos para mantener el peso corporal normal (laxantes).

Las anoréxicas tienen menos del 50 por ciento de probabilidades de recuperación dentro de los 10 años posteriores al inicio del desorden, 25 por ciento de ellas desarrollaron cronicidad y muere una de cada cuatro. Las bulímicas tienen un “mejor pronóstico”, aunque menos de la mitad se recuperan y tres de cada 10 continuarán laxándose.

Existen dos factores de riesgo para la anorexia: estar bajo dieta y una mayor actividad física. Hipotéticamente la anorexia se desarrolla porque es satisfactorio comer menos y moverse más; con lo anterior, se activa el sistema de atención del cerebro y desde esta perspectiva la psicopatología sería considerada una consecuencia y no una causa del hambre. Así como en las anoréxicas, en las bulímicas se presenta hipotermia (baja temperatura corporal), hiperactividad física y psicopatología semejante a las anoréxicas.

Si analizamos con mayor profundidad el impacto global, allende ese momento en el espacio, trasciende negativamente a futuro con esperados daños a la salud integral, como el bajo rendimiento escolar, deserción profesional, predisposición a enfermarse, amén de un sistema inmunológico deficiente, derivado de la falta de sustratos nutritivos para llevar al cabo en forma óptima las funciones e integración de canales vitales para un óptimo rendimiento. Como problema bio-psico-social es preocupante a nivel mundial, por lo que se han realizado trabajos científicos que intentan abordarlo de la forma más efectiva, experimentando terapias de tipo familiar e individual.

En conclusión: hasta el momento no existe terapia efectiva para este desorden alimentario, del que los detonantes son la baja autoestima, la presión social y el desleal bombardeo informático no regulado y las consecuencias emocionales son relevantes e indudablemente ponen en juego la salud y muchas veces la vida de los pacientes. La comunicación docta y asistida por profesionales de la salud, la convivencia familiar y el fomento de los valores lograrán reducir y/o abatir este falso camino hacia la “belleza enferma”.

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