12 de Diciembre de 2017

Opinión

Empresas, profesionales y contrastes

¿Cuál es la llave para cerrar a puerta a vanidad, intolerancia, prepotencia y discriminación, en el trabajo, la familia, la escuela?

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Recientemente, en amena charla con algunos compañeros, nos cuestionábamos sobre cómo diseñar la llave mágica que nos permita a todos entender que para triunfar en cualquier proyecto que desarrollemos necesitamos del trabajo conjunto y armonioso. Nadie más importante que el otro, ya que cada uno domina y perfecciona su actuar según su perfil particular.

La plática surgió mientras escuchábamos a quien, a sus 45 años, es empresario exitoso partiendo de la nada. Nos decía que cuando recién llegó a una de las más grandes empresas del país, que alberga diversos andamiajes y formas de accionar operativa y administrativamente, se encontró con grandes contrastes.

El grupo destacaba porque, aunque todos trabajaban por una sola razón de ser y existir, se notaban francos matices en su dinámica. Nos decía que no concebía encontrar a gente “haciendo como que trabaja”, y otros dejando vida y alma con tal de servir. Percibía áreas inexplicablemente lujosas, pero con poca productividad, y otras, aunque modestas y con deficiencias, con personal de buena actitud; las engrandecían sin importar limitaciones, llegando a concluir que su gente y actitud es lo que hacía la diferencia, allende dineros y prejuicios (cual traumas infantiles).

Este escenario lleno de contrastes en un mismo espacio físico, y centrándonos en aquellos que se crecen en la adversidad, con claridad nos muestra que el comportamiento humano es un campo inmenso de estudio, en donde la voluntad se puede definir como la capacidad que tiene toda persona para realizar cosas de manera espontánea y consciente, superando inconvenientes, dificultades, acciones y actitudes negativas, inclusive muchas veces contra sus propias condiciones de ánimo.

Resulta evidente la falta de voluntad en el trabajo cuando de manera intencional retrasamos alguna tarea importante para la organización; cuando de acuerdo con conveniencias, priorizamos las que consideramos menos complicadas, en lugar de realizar las que tienen carácter de urgencia o las más relevantes. Cuando no existe voluntad aparecen síntomas como inconstancia, falta de interés y carácter, volviéndonos irresponsables y perezosos.

Después de escucharlo, varios encontramos semejanzas en el cotidiano devenir. Por todo ello, regreso a la pregunta inicial: ¿cómo diseñar la llave que nos quite el velo de la vanidad, de la intolerancia, de la prepotencia y discriminación a los semejantes dentro del mismo espacio social, laboral, familiar, etc. y buscar la suma, que logre el máximo beneficio colectivo?

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