14 de Noviembre de 2018

Opinión

DISFRUTAR PASO A PASO

La decepción es uno de los síntomas de nuestra sociedad actual.

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La decepción es uno de los síntomas de nuestra sociedad actual. Esperamos mucho de todo y estamos acostumbrados a dar muy poco. Los jóvenes estudian cuatro o cinco años en la universidad y al salir con su titulo pocos pueden encontrar un trabajo a la altura de sus expectativas, compramos cosas a través de la pantalla de nuestra computadora o de nuestra televisión y muchas veces no obtenemos lo que pensamos que compraríamos, medicinas que prometen adelgazarte, aparatos de ejercicio que prometen que tendrás el cuerpo perfecto si los utilizas 10 minutos 3 veces a la semana, nuestras amistades se basan en el Facebook y en vidas inventadas, maquilladas para que solo veamos lo positivo que sucede en ellas, continuamente sufrimos decepciones, nada es como lo imaginamos, porque es tanta nuestra necesidad de satisfacción que nos dejamos engañar muy fácilmente.

En cualquier dirección que veamos vemos gente que se siente decepcionada, estamos decepcionados del gobierno, de la policía , de los medios de comunicación, de las instituciones religiosas y de las sendas espirituales que hemos recorrido.

Queremos creer en lo que nos prometen porque estamos desesperados por un resultado deseado, sabemos que muchas de estas promesas son imposibles de cumplir pero de cualquier manera creemos en ellas. Queremos un gurú que nos enseñe el camino a la felicidad, al éxito, pero queremos que este camino sea fácil, que no represente esfuerzo.

Debemos estudiar nuestras debilidades, esas necesidades internas que nos harán caer en creer las mentiras. Todos queremos un cuerpo hermoso pero pocos estamos dispuestos a hacer lo que verdaderamente tienes que hacer para mantenerte delgado, comer sanamente, hacer ejercicio todos los días, esto representa un gran esfuerzo y es por eso que caemos en querer comprar el aparato maravilloso que sin levantarte de tu sofá mientras ves la tele logra los mismos resultados.

Todos queremos un espíritu limpio y sanos, queremos ser buenas personas, queremos crecer espiritualmente y por eso creemos en corrientes que nos prometen esto de una manera sencilla, pero no hay atajos, no hay caminos secretos, ni hay palabras mágicas que llenen los huecos que hay en nuestro interior, no hay alimentos mágicos que curen nuestro cuerpo. Somos el resultado de nuestras decisiones, de nuestro trabajo interior, de nuestra relación con nuestro entorno.

Tal vez el problema está en nuestros deseos, en nuestras expectativas, en lo que creemos que el mundo y la gente nos debe, en los que esperamos del mundo y de los demás, de nuestros propios cuerpos y de nuestro destino. Hay que escuchar más nuestra voz interior para saber cuáles son nuestras verdaderas metas, éstas deben ser posibles y a la medida del esfuerzo que estamos dispuestos a realizar, debemos dar valor a nuestros actos para no sentir decepción si no llegamos a la meta buscada, pero sentiremos satisfacción por las acciones realizadas, pero solo si lo que buscamos lo buscamos de corazón, la meta es importante pero es mucho más importante el recorrido, el esfuerzo, lo que vivimos día a día y de esta manera disminuiremos la frustración y la decepción ya que el éxito y la realización no se encontrarán al final del camino sino a cada paso dado.

Tenemos que aprender a disfrutar cada meta conseguida, en vez de estar siempre corriendo tras el siguiente éxito. Hace unos años en la semifinal de US Open Roberta Vinci logró lo impensable, ella misma ya había comprado su vuelo de regreso a Italia por que nunca pensó llegar a la gran final. Venció a Serena Williams, la principal favorita para ganar el torneo y numero uno del mundo. Al terminar el partido un reportero se acercó a ella y le preguntó que cómo veía su siguiente encuentro, cómo pensaba jugar la final del US Open. Y ella respondió: “hoy solo quiero disfrutar mi victoria, no quiero pensar todavía en el próximo juego”. Tal vez es eso lo que nos falta detener la frenética carrera que nos lleva de un intento al otro y empezar a disfrutar nuestros pequeños o grandes éxitos, nuestras experiencias cotidianas, nuestros momentos personales, esos instantes maravillosos que pasan muy pronto y que a veces quedan en el olvido. Busquemos la satisfacción en lo cotidiano, en lo interior, en nuestras familias y en el amor y seguramente empezaremos a vivir una vida plena en lugar de una vida de decepción y depresión y convirtamos cada segundo, cada momento, cada paso en un motivo de felicidad y satisfacción.

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