11 de Diciembre de 2017

Opinión

"La Titería"

Las temáticas del I Ciclo de lecturas dramatizas movieron sensibilidades difíciles de transitar, más en adultos que en niños.

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Con gran éxito se llevó al cabo el I Ciclo de lecturas dramatizadas de teatro para niños y jóvenes en La Titería. Como una iniciativa de Amaranta Leyva y Lourdes Pérez Gay, se leyeron diez obras de teatro para el joven público. Posteriormente se realizó una charla entre autores y público. Las temáticas resultaron variadas, algunas quizá movieron sensibilidades difíciles de transitar, más en los padres que en los niños.

Cuando digo que fue un éxito, no me refiero únicamente a que el foro se mantuvo con localidades agotadas en todas las lecturas -es tan poca la gente que lee teatro-, ni a que los niños participaron activamente. Me refiero al valioso sentido de abrir un espacio donde los niños puedan participar del hecho escénico a partir de elementos mínimos y el pensamiento del autor y los personajes. Abrir una pequeña ventana donde un hombre lobo se esconde en el clóset por temor a ser rechazado por su familia, otra ventana en la que una niña pequeña cuestiona a su mamá por El intruso que llega a sustituir al padre de familia y la niña no entiende por qué la madre no teme ser abandonada nuevamente, como sucedió con su marido anterior. En ese momento, tres madres de familia se levantaron de sus asientos y sacaron a sus hijos a jalones del foro. Pude ver la cara de una niña, cuestionando a su mamá: “¿Qué hice mal? Estaba sentada viendo la obra”. Quise decirle que no hizo nada mal, somos los adultos quienes hacemos mal en llenar de silencios las preguntas importantes de los niños, en reflejar en ellos nuestras frustraciones y las malas relaciones que a veces quedan de un matrimonio que no funciona.

Me tocó moderar dos obras; ambas escritas con sencillez e inteligencia para los niños. Por eso me cuesta entender que los adultos decidan cerrar esas ventanas que sólo buscan iluminar aquellos espacios por donde los niños transitan y a veces tienen que hacerlo en medio de la oscuridad y el silencio. Al finalizar Los hombres lobo viven en el clóset, obra que aborda la temática gay desde la mirada de un niño que no entiende por qué su hermano tiene que esconderse, un espectador levantó la mano y dijo: “Yo soy un hombre lobo y salir del clóset fue muy fácil porque mi mamá demostró todo su amor por mí”. Ojalá estas iniciativas se repliquen en otros estados, en otros países, en cualquier lugar donde un niño tenga que esconder su miedo y además sentirse culpable por algo que no hizo.

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