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Imaginemos a una joven mujer que se enamora de un hombre, que se convierte en su príncipe azul, el hombre ideal, retratado en cuentos de hadas y películas románticas.

Poco a poco el hombre comienza a cambiar, de ser solícito y atento se vuelve agresivo verbalmente, con algunos exabruptos físicos.

Las agresiones dejan de ser casuales y se vuelven cotidianas, además, las formas de agresión aumentan a límites inesperados. Digamos que el noviazgo era mágico, pero ya en el matrimonio o en el compromiso, la pareja cambia radicalmente.

Mi madre, que sufrió violencia por mi padre, dice que de novios él era muy amoroso, pero, cuando se casaron, cambió y se volvió una fiera que no medía sus golpes aun cuando ella estaba embarazada y perdió varios hijos por esas golpizas.

Imaginemos que el príncipe se convierte en dragón o, peor aún, en bestia. Inimaginable es si además el hombre lleva ventaja evidente sobre la mujer, pues su oficio le mantiene en un entrenamiento constante, digamos boxeador, luchador o karateca.

Tristemente no es necesario imaginar nada de lo anterior, la vida no necesita ficción en la violencia, he leído varios casos de boxeadores que asesinaron a sus mujeres a golpes. Uno de los más sonados fue Carlos Monzón, quien, en el juicio sobre el asesinato de su esposa, dijo: “A todas mis parejas les pegué y nunca pasó nada”.

Ahora leo del karateca que golpeó a su novia, las imágenes hablan por sí mismas. Por si fuera poco, los titulares de prensa dicen: “Se desconoce por qué la golpeó de tan brutal manera”.

Es decir, ¿la causa justificaría la tortura que sufrió esta mujer?, ¿el daño psicológico que llevará años en superar? ¿Qué justifica la violencia brutal que sufrió esta mujer, que sufren muchas mujeres? NADA, NADA JUSTIFICA NINGÚN TIPO DE VIOLENCIA SOBRE NOSOTRAS.

Que quede claro y en mayúsculas, que se escriba y se ponga en evidencia las veces que sean necesarias.
No imagino horror más grande que saber que tu golpeador tiene enorme ventaja sobre ti y puede acabar con tu vida en unos minutos, no necesito imaginarlo porque lo he vivido.

Por ello deseo que las mujeres abusadas no guardemos silencio, que sepamos leer a tiempo las señales que indican cuándo el amor perfecto se convierte en monstruo, que sepamos pedir ayuda, porque nuestra vida vale, no solo por nuestros hijos o nuestra familia, nuestra vida vale por nosotras mismas.

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