13 de Noviembre de 2018

Opinión

Amar sin sufrir

Si queremos resolver aquello que no nos deja dormir, avanzar y/o planear un futuro mejor, es preciso que identifiquemos primeramente cuál es el problema.

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Si queremos resolver aquello que no nos deja dormir, avanzar y/o planear un futuro mejor, es preciso que identifiquemos primeramente cuál es el problema, sólo así evitaremos divagar en un millón de posibilidades –muchas de ellas incorrectas- que no permiten dar una solución eficaz.

Una vez identificado el problema, lo siguiente será muy probablemente aplicar el desapego. Primeramente, definamos su opuesto, el apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea, sueño o persona, que se fundamente en cuatro premisas falsas: primero que es eterno, segundo que te va a hacer feliz, tercero que te va a dar seguridad total y cuarto que le dará sentido a tu vida.

El apego corrompe, el apego nos hace sufrir, mina nuestro autorrespeto y nuestros valores más esenciales; también hace que perdamos nuestra libertad, ya que no nos permite actuar de manera independiente para no perder el objeto, la persona o el sueño y con eso además pierdes la libertad.

Es importante saber que el problema del apego no es el deseo o las ganas de estar con aquello que nos produce “felicidad”, sino nuestra incapacidad para renunciar a él cuando debe hacerse, y una renuncia siempre será indispensable si el vínculo resulta dañino para la salud mental y/o el bienestar de uno o de la gente que nos rodea.

Si decides decir adiós, recuerda que el desapego no significa desamor, sino que eres una persona sana, independiente y no posesiva. Para desapegarse es necesario tener un espíritu rebelde, ser superior ante todas las causas que nos hacen apegarnos; no olvidemos que desapegarnos tampoco significa la autodestrucción sino el entendimiento de todo aquello que nos hace feliz.

Cada problema y cada inconveniente en nuestra vida encierra una oportunidad que conlleva a su vez algún beneficio, lo que nos sucede es que, cuando le damos tanto valor al apego, nos asustamos e intentamos forzar la solución, de manera que la mayoría de las veces sólo nos centramos en la parte negativa del problema y desaprovechamos la oportunidad que éste encierra. Démonos la oportunidad de entender que cada problema tiene la semilla de la oportunidad, que nos otorgará la posibilidad de una gama más amplia de nuevas oportunidades. De esta forma, no sólo sufriremos menos en la adversidad, sino que encontraremos más rápido la solución y ésta nos permitirá crecer como personas.

Como diría Jorge Bucay: “Si nos quedamos atados a sueños, fantasías e ilusiones, el dolor crecerá sin parar y nuestra tristeza será la compañera de nuestro camino”. Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta es ahorcarse con él; el amor después de todo es la ausencia de miedo, y si sentimos el segundo, entonces el primero no existe más.

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