23 de Septiembre de 2018

Opinión

"Bernardina"

Los meridanos nos encontramos ante una extensa oferta cultural y artística que se desarrolla a lo largo de 2017.

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Mérida es la Capital Americana de la Cultura, gracias a ello los meridanos nos encontramos ante una extensa oferta cultural y artística que se desarrolla a lo largo de 2017.

En lo personal, el teatro es mi manifestación artística favorita, me fascina el placer de observar una obra teatral bien llevada, esa que hace que mi cerebro revolucione al máximo para comprender los razonamientos abstractos de las situaciones formales e informales que suceden en ella y cómo, a través de la empatía, logramos adentrarnos y sentir lo que los personajes viven.

Este fin de semana se llevó al cabo una obra llamada “Mis días con Bernardina”, escrita y dirigida por el dramaturgo Jair Zapata Arceo y actuada por dos asombrosas actrices: la primera, Marilú Bolívar, interpretó de manera sublime a Pilar, una mujer antigua que se dedicaba al arte de curar; el personaje fue tan bien desarrollado que transportó a todos los espectadores a vivir y sentir lo que significa tener a una abuela en Yucatán, nos hizo recordar el uso de la medicina tradicional, las leyendas y la mística del pueblo maya que nuestras chichís nos enseñan o, en mi caso, nos enseñaban, para que no nos pasen cosas malas y así podamos vivir mejor y más felices; nos hizo repensar cómo los dichos antiguos que se materializaban a diario se han vuelto parte de nuestro patrimonio inmaterial llamado cultura.

Por otro lado, Salomé Sansores interpretó a la hija de Pilar, Bernardina, quien se había convertido en una mujer “moderna” y que, aunque había crecido en un pueblo, ya no usaba la ropa tradicional en Yucatán; de igual forma, decidió dedicarse al trabajo del hogar, antes de seguir la tradición y arte de curar. Salomé fue divertida y simpática hasta decir basta, logró que el público riera sin parar a través de las ocurrencias de su personaje, pero en un momento adquirió un rol distinto para lograr una gran sensibilización con su historia de vida, al grado de humedecernos los ojos; su actuación magistral la coloca sin duda como uno de los personajes teatrales más representativos de nuestro Estado y a quien no sólo debemos tenerle un marcaje personal, sino que además debemos apoyar.

La experiencia y la energía que se vive en el teatro es difícil de explicar, inclusive pensando que se puede comparar con aquella emoción que sentimos con alguna canción que nos hace mover los pies; el teatro nos produce tal vibración en todo el cuerpo que se dirige a nuestras manos en forma de aplauso y dicha explicación se queda muy corta. El teatro regional, el descrito anteriormente: blanco, familiar y extraordinario, es el que debemos fomentar; un teatro vivo, dispuesto a emocionarnos, enamorarnos, divertirnos y ponernos tan nostálgicos que llorar sea una forma de liberación y aprendizaje.

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