14 de Diciembre de 2017

Opinión

Los silencios

Podemos transformar los silencios en nuestros más grandes aliados, silencios que se vuelven todo.

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En mi actividad como investigador social aprendí muchas cosas, pero una que marcó de manera inigualable mi vida profesional y personal fue aquella vez que me dijeron: “En una entrevista a profundidad, todo cuenta… Incluso los silencios… es más, lo silencios muchas veces dicen más que las palabras” y sí, en las investigaciones sociales, los silencios, nos indicaban vergüenza, tristeza, molestia, entre otras emociones… y en la vida diaria nos indican exactamente lo mismo.

A partir de esa capacitación comencé a percatarme de la forma en que reaccionaban las personas de mi alrededor, de su lenguaje no verbal y sus silencios; ciertamente me pareció algo fascinante. Primero porque para la gran mayoría de las personas los silencios les resultan algo sumamente “incómodo”, pero cuando nos damos la oportunidad de permitirlos, suceden cosas extraordinarias. Es ahí cuando comenzamos a leer a las personas e invariablemente siempre después de esos silencios surgen frases reveladoras por parte del interlocutor; profundas, con sentimientos y gran emoción.

Escasos son los que saben cuándo hablar, pero mucho más los que saben cuándo callar; raros los que saben usar los silencios, pocas veces se tiene en cuenta el valor del silencio para una escucha considerada y activa.El silencio es la antítesis de la palabra, sin embargo, debido a la gran importancia que tiene en la comunicación humana, hace que habla y silencio sean complementarios.

El silencio no es renuncia, sino contención, pausa, reflexión. El silencio es prudencia. El silencio es elocuencia. Existen diferentes tipos de silencios, por un lado, me he topado con silencios, que más bien son palabras ahogadas, esas que se mueren por salir, pero que su interlocutor ahoga justo antes de llegar a la lengua. Existen los silencios de molestia e indignación, esos que aparecen cuando la persona es confrontada, pero que sabe que aquello que le dicen es tan cierto que la simple negación se volvería legitimar aún más lo dicho por quien lo cuestiona. El silencio cómplice, ese que otorga y que complace.

Y mi favorito, el silencio pícaro, aquel que siempre viene acompañado de una mirada que no se puede fingir y una sonrisa que se contagia a la velocidad de la luz. Sin embargo, hay un silencio por demás interesante, el silencio que usamos con nosotros mismos, ese que necesitamos para relajarnos, descansar o meditar, ese que nos aporta energía y recarga nuestra mente para alcanzar un estado profundo de paz interior y aprendizaje continuo sobre nuestros momentos vividos y decisiones a tomar.
Recuerden que podemos transformar los silencios en nuestros más grandes aliados, silencios que no sólo se vuelven palabras, sino que se vuelven todo.

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