13 de Noviembre de 2018

Opinión

Frentes

Los frentes electorales deben hacerse sobre plataformas de mínimos, mientras que las coaliciones de gobierno requieren negociaciones mucho más complejas.

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Los frentes electorales deben hacerse sobre plataformas de mínimos, mientras que las coaliciones de gobierno requieren negociaciones mucho más complejas. Los frentes electorales, como indica su nombre, se constituyen para ir a las elecciones, así como las coaliciones en los sistemas parlamentarios se pactan después de ellas. Tantos años de autoritarismo, de caciquismo y aun de partido único nos dificultan entender el sentido de frentes y de coaliciones.

Por eso, de inmediato, salta la desafortunada metáfora de lo “contra natura”. A mí la sola palabra me pone piel de gallina porque me huele a la chamusquina de hogueras inquisitoriales. Los motivos para construir frentes deben ser electorales precisamente para que los principios políticos y morales no se vuelvan electoreros. La confusión semántica, heredada del PRI, ha hecho daño no sólo a las izquierdas, también ha desdibujado a las derechas y desalentado a todos los votantes.
Los frentes electorales nos deben parecer tan bien cuanto nos parezcan útiles para llevar al cabo los mínimos que sus plataformas proponen para las elecciones. La negociación para formar una coalición de gobierno se debe dar con los porcentajes electorales en la mano.

No es necesario negar lo “contra natura”. Y prefiero el lenguaje de Ricardo Anaya cuando ejemplifica con los frentes de socialdemócratas y demócratacristianos, para dejar intactos los principios ideológicos, al lenguaje de López Obrador cuando habla de que su regeneración no sólo debe ser moral sino espiritual porque no sólo de pan vive el hombre, al explicar su alianza con el PES. Como a explicación no pedida acusación manifiesta, lo que parece decir López Obrador es que no se trata de un frente sino de una fusión para lograr la cual revuelve a Kim Jong-Un con el juarismo de los evangélicos históricos y los neo pentecostales y a éstos con lo guadalupano.

Veo como un peligro las fusiones, incluida la que nunca debieron hacer las izquierdas con la Corriente Democrática priista. Desde mi perspectiva, aquello debió de ser un frente electoral y no un frankenstein electorero, del cual queda por salvar cuanto queda aún de socialdemocracia.

Pero es bueno formar frentes e ir pensando en el tejido fino de coaliciones de gobierno sin el recurso del puro y duro caudillismo al que estamos acostumbrados.

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