09 de Diciembre de 2018

Opinión

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Las epístolas y los diarios son una muestra de lo más íntimo del ser humano

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Después de las caricias, los besos y los encuentros no hay nada más íntimo entre dos personas que se atraen o se aman que las palabras que se escriben en complicidad y se leen placenteramente.

En esta época digital estamos perdiendo la bella costumbre de escribir cartas, aquellas que expresaban los más profundos sentimientos y creaban esa intimidad que a veces las distancias o las barreras sociales imposibilitaban. Existen ejemplos de epístolas entre personajes famosos que han trascendido el tiempo. Como las “Cartas a Clara” de Juan Rulfo o las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra, que dieron gran material argumentativo para la película “Los adioses”.

También imperdibles son las cartas de Gertrudis Gómez de Avellaneda a su amante Ignacio de Cepeda, en una de las cuales dice: “... y aquella carta de usted, que tenía en mi seno, me quemaba como una ascua de fuego”. También destacan las de Simón Bolívar a Manuelito Sáenz; todas ellas arropan amores íntimos públicos o clandestinos, pero finalmente amores.

En el caso de Franz Kafka, por un lado, fue develada su intimidad a través de la publicación de la correspondencia que mantuvo con Felice Bauer y que Ricardio Pligia tiene a bien referir como el momento en que “los amantes se encuentran en el texto que leen”, pero también a través de sus Diarios (1910-1923), textos que no tuvo nunca la intención de publicar, como su novela inconclusa “El proceso”, la cual da a la luz póstumamente su entrañable amigo y editor Max Brod, a quien Kafka antes de morir le habría pedido quemar todos sus escritos, seguramente para que no fuera expuesta su faceta más íntima.

Los diarios también son una muestra de lo más íntimo del ser humano, escritos para no ser leídos, muchos terminaron en la hoguera o en el olvido y otros en los ojos públicos de los lectores.

De éstos últimos las editoriales han hecho un gran negocio y por ellos conocemos los más recónditos pensamientos de muchos escritores; tal es el caso de los diarios de Alejandra Pizarnik, León Tolstói, Fernando Pessoa y Virginia Woolf, páginas que develan una vida entre tormentos, su afición a ciertos autores y libros y su pasión por la escritura que nos deja ver que para ella “el amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso se pone cuidado en no destruir la ilusión”.

En cartas o diarios la intimidad se guardaba en la memoria escrita y trascendió en el caso de estos escritores para perpetuarse, a diferencia de nuestros pensamientos o mensajes más íntimos actuales, que se diluyen en la inmediatez y la fugacidad de las palabras.

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