21 de Noviembre de 2018

Opinión

Las tres preguntas

El poder de la pluma

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Solemos extender la mano o la palabra hacia una segunda persona para buscar dirección personal. No es que carezcamos de la capacidad para tomar decisiones propias, sino que la perspectiva ajena suele venir cargada de una sabiduría no solicitada con tintes de alivio. Buscamos apoyo.
No podemos controlar la cantidad de cosas que suceden a nuestro alrededor y que afectan nuestros días aun cuando el esfuerzo cotidiano sea el de transitar de la manera más pacífica. Es cierto, no nos gusta sentirnos afectados. Tener el control de las situaciones es tener el control de uno mismo y ese es nuestro lugar seguro. Sin embargo, sabemos que no siempre podremos evitar las circunstancias o las palabras.

León Tolstoi pensó en algo similar y escribió un cuento para inmortalizar las condiciones humanas del futuro: “Las tres preguntas”. Dentro de este cuento, se comienza con la historia de un emperador que busca dar recompensa a quienes le contesten lo que él considera las tres preguntas más importantes para no fallar en nada durante la vida: “¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa? ¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar? ¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?”.

Cansado de respuestas erróneas, el emperador va hacia la montaña para encontrarse con el sabio ermitaño, quien estaba cavando huecos. Sin dejar su labor, escucha al emperador pero no da respuesta. Posteriormente, el emperador ofrece ayudarlo en su trabajo y así pasan las horas. De un momento a otro, un hombre herido llega a su encuentro. El emperador lo cura con bondad y dedicación para encontrarse luego con la confesión sentida de quien había sido herido por los guardias al intentar matar al supremo como acto de venganza.

El ermitaño calla y posteriormente se dirige al emperador para decirle que sus preguntas habían sido contestadas. Él mismo había sido el ejemplo cuando sus acciones se rigieron por el ahora, por la bondad al actuar y por la capacidad de ayudar al prójimo. La invitación, lector, es a vivir estas tres preguntas.

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