18 de Octubre de 2018

Opinión

Chane, la serpiente del agua

Los popolucas son una etnia fundamentalmente asentada en Veracruz. Sus núcleos principales de población son Acayucan, Hueyapan y Mecayapan.

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Los popolucas son una etnia fundamentalmente asentada en Veracruz. Sus núcleos principales de población son Acayucan, Hueyapan y Mecayapan. En su devenir histórico se han mezclado con los zoques en Soteapan y Texistepec, y con los mixes en Sayula de Alemán y Oluta.

Hay población popoluca en Tabasco y Puebla.

Como casi todos los pueblos mesoamericanos, los popolucas cultivaron maíz y frijol. Hoy también siembran arroz, frutales y caña de azúcar.

Otro común denominador de los pueblos que provienen de la región mesoamericana es la persistencia de los mitos vinculados a la serpiente.

Marcia Trejo Silva publicó que entre los pueblos popolucas, cuando la lluvia se ha retrasado y la tierra está sedienta de agua, los labradores dirigen sus miradas y súplicas hacia las montañas porque saben que allí habita la Culebra del Agua.

Esta portentosa serpiente vive en los cráteres de los volcanes donde, la mayor parte del tiempo, yace enrollada. Al escuchar el llamado de su pueblo, se despereza. Agita su enorme cola y, como resultado de este movimiento, se forman las nubes que se cargan de agua y vuelan hacia las regiones donde hombres y cultivos la están esperando. Esta serpiente surca el firmamento a velocidades prodigiosas. Es muy difícil verla, si acaso, es posible observar cómo su cola cuelga entre las nubes, pero hasta la fecha nadie ha podido mirar su cabeza y vivir para contarlo.

Los popolucas tienen un profundo respeto al mítico ofidio por los valiosos servicios que les presta, pero, a la vez, le tienen pavor, ya que, a veces, la serpiente cae del cielo. Con su poderosa cola destroza las casas; sus rápidos movimientos levantan ventarrones que echan abajo los árboles y hacen volar por los aires a personas y animales. La serpiente, aprovechando la situación, se come a la gente que encuentra a su paso.

El investigador danés Soren Wichmann dice que si un hombre es devorado por el reptil su espíritu renacerá en el paraíso. Agrega que esta serpiente se llama Chane y es la dueña de la tierra, del agua, de los animales y los vegetales. Ella también cuida el orden social y regenera la naturaleza periódicamente.

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