15 de Diciembre de 2017

Opinión

No cumplir es la jugada

La triste realidad es que estamos inmersos en un medio que solapa el incumplimiento... y luego nos quejamos.

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No sé quién está peor, el padre honrado que diligentemente quiere ser un buen ejemplo para su hijo, o el hijo, que, ante el proceder de su padre, compra esta manera de ser y se convierte también en un tipo honrado y, a su vez, buen ciudadano, ejemplo para propios y extraños.

¿Creen que no me duele comenzar mi columna con este cuestionamiento? Pero en un México donde parece estar acuñada en oro la frase “El que no transa, no avanza”, un buen ejemplo parece servirle de poco a un hijo; y más si, a raíz de éste, el padre lo condena a una vida de carencias (escuelas de segunda categoría, servicios médicos de mala calidad, pensiones para retiro insuficientes, por mencionar algunas), mientras, a la vista, otros que incumplen, agandallan o, francamente, delinquen se pasean muy orondos en las páginas principales de los periódicos.

Imagínense a un papá recomendarle a su hijo: “Cuando sea en tu beneficio pásate los altos o semáforos en rojo y si te multan no pagues”. Todos diríamos que ese papá está mal, que cómo puede estarle aconsejando eso; que está contribuyendo al deterioro de nuestro tejido social. Pero, compliquemos un poco más el escenario y, además, imaginemos una autoridad que, en aras de recaudar más, incentiva el reemplacamiento -de ese mismo vehículo- mediante una serie de condonaciones a multas y recargos pasados. Al final de cuentas no cumplir resultó beneficioso. Ante esta triste realidad, el consejo del padre fue el acertado, ¿no? Es inquietante constatar que la autoridad dispense del pago de multas y recargos a quienes no cumplieron y el que se condujo dentro de la norma, pues, que se chingue.

Por un lado, queremos una cultura de cumplimiento de la ley, pero, por otro, se premia a quien no lo hace. Un círculo vicioso.

Al final del día, ese padre que siempre respetó la ley y vio progresar a quienes no lo hicieron, quizás, ante los hechos, cambie su discurso y le recomiende a su hijo: No seas como yo; si quieres progresar vuélate el alto, no pagues esa multa, firma el contrato y acepta lo que hay en el sobre; nadie se va dar cuenta y si lo llegan a saber de todas maneras te saludarán con respeto, pues tendrás dinero; y ante eso no hay ley, ni ética que importe.

La triste realidad es que estamos inmersos en un medio que solapa el incumplimiento... y luego nos quejamos.

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