12 de Diciembre de 2018

Opinión

"La última llamada"

Quienes nos quedamos, agradezcamos que cada día es una oportunidad para disfrutar.

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Todos los seres humanos somos llamados por vez primera al nacer, la última llamada la recibimos el día que Dios nos llama a su encuentro.
Cada día la tragedia de la muerte ensombrece a más de un hogar. La sola inteligencia no alcanza a comprender cómo un bebé, un niño o un joven puedan fallecer de manera repentina y tampoco lo logramos entender cuando se trata de hombres o mujeres que sin poseer diagnóstico de alguna enfermedad son llamados a esta cita en lo que algunos pudieran considerar –anticipada-.

Cuando algo así ocurre los adjetivos no se hacen esperar “si era un bebé”; “si era tan bueno”, “si era tan joven”; “si era tan noble, tan cariñoso, tan carismático”, “si ayudaba a tantos”; “si era buen hijo” …un largo “si era” que parece martirizar a quien lo piensa.

Es verdad, la sola inteligencia no puede explicarnos esto, pero la Fe ¡Obra milagros!, es quien nos ayuda a comprender más allá de nuestras limitaciones, pues nada hay que se mueva sin la voluntad de Dios, por tanto es a la luz de la fe que logramos aceptar su voluntad.

La fe no es un analgésico, no cura por sí sola el dolor; el dolor humano por la pérdida de un ser amado está allí y se nos está permitido sentir; la grandeza de la fe es que el dolor y la tristeza se mitiga cuando tenemos la certeza de que esa persona puede estar en la presencia eterna del Señor.

Generalmente cuando la muerte toca nuestro hogar conviene preguntar ¿para qué?, ya que el ¿por qué?, resulta ocioso.

Sabemos que nadie parte antes de tiempo, sólo que Dios elige las circunstancias para que de esa experiencia logremos sacar mayores frutos.
Las personas que se van y resuenan en una sociedad sin duda sembraron muchas semillas a lo largo de su vida, las regaron día a día con especial esmero y esto se ve en su relación con la familia, su relación con los amigos y en general con todas las personas con las que pudieron entablar comunicación.

A veces se les recuerda por una frase cariñosa, por el apoyo recibido, por la alegría, por la bondad, en fin por cada uno de los dones especiales recibidos.

Cuando una familia vive de cara a Dios, enseguida se nota, pues en lugar de reclamar la ausencia del ser querido se opta por la esperanza de saber que se tiene un mejor destino, se opta por la fe que nos permite creerlo y se opta por el amor porque se ha dado en vida todo el amor posible a quien se ama.

Cuando se tiene fe, es posible ver sobrenaturalmente como las circunstancias forman parte de un plan estratégico para el mayor bien de las criaturas, en el transcurso de la vida regularmente vamos recibiendo muchas llamadas a través de otros para que hagamos un alto que nos permita reflexionar si vamos por el camino adecuado o tenemos que rectificar la ruta.

Quienes nos quedamos, agradezcamos que cada día es un regalo, una oportunidad para disfrutar, para dar a manos llenas los dones que nos han sido dados gratuitamente y para no estar en deuda con nadie. No atesoremos nada, ni gestos ni palabras de cariño, no sea que nos digan “insensato, esta misma noche morirás”. 

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