18 de Noviembre de 2018

Opinión

Competencia electoral

El primer efecto de la inscripción de José Antonio Meade Kuribreña como precandidato del PRI a la Presidencia de la República fue la modificación del escenario electoral.

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El primer efecto de la inscripción de José Antonio Meade Kuribreña como precandidato del PRI a la Presidencia de la República fue la modificación del escenario electoral donde, por largo tiempo, las consultas demoscópicas situaban a AMLO como el gran vencedor en 2018, para dar impulso a la competencia, de manera que hoy día prevalece la percepción de que no hay nada seguro en relación con los resultados electorales del año que viene.

Así lo demuestran las reacciones tanto de su seguro como de sus previsibles contendientes, igual que las de los líderes de organizaciones sociales que se han manifestado de manera favorable por una opción que pueda enfrentarse con eficacia a la representada por el líder de Morena que, a pesar de su larga campaña o por ello mismo, no ha podido convencer de manera indiscutible a la mayoría sobre la conveniencia de su proyecto de nación.

Si bien sucedió lo mismo ante el anuncio de la conformación del frente PAN-PRD-MC, las simpatías que en el arranque habían atraído parecen esfumarse ante los titubeos de sus dirigentes sobre el método para la selección del candidato, que ocasionaron la fragmentación del PAN con el desprendimiento de Margarita Zavala, el rechazo al frente del candidato del MC a la gubernatura de Jalisco y la posible escisión del PRD amagada por Mancera.

A la percepción de vulnerabilidad del frente se ha impuesto la imagen de solidez que presentó el PRI desde el protocolo que se siguió para la inscripción de Meade que, a contrapelo de los que la critican, no había sido observada por los votantes jóvenes desde hace por lo menos 25 años, circunstancia que reforzó la apreciación de madurez y consolidación que otorga la liturgia a las organizaciones.

La unidad del PRI quedó manifiesta cuando Meade recibió la adhesión de sus competidores internos, compañeros de gabinete y exgobernadores, entre ellos Ivonne Ortega Pacheco.

Así, la competencia que originalmente se pronosticaba de tercios queda configurada, al momento, como una contienda sumamente polarizada entre AMLO y Meade, donde los integrantes del frente, logren o no presentarse como tal en las elecciones, parecen perfilarse al tercero y cuarto lugar.

Al elegir a Meade, el PRI apunta a una elección moderna, donde las características del candidato pueden realmente inclinar la balanza de la aceptación de los electores y ha privilegiado su preparación, capacidad técnica y habilidad para el debate para contrastar con éxito a un candidato como AMLO, con un discurso dogmático, incapaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes.

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