11 de Diciembre de 2017

Opinión

'El Sabor de Jesús'

Cuaresma es tiempo de ayuno y de oración. Pero nosotros no ayunamos ni oramos.

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En esta Cuaresma, ¿estás buscando a Dios? o ¿vas a colaborar en crucificarlo?, o ¿estás en espera de que Él nazca en tu corazón? Cuaresma es tiempo de ayuno y de oración. Pero nosotros no ayunamos ni oramos. Podríamos ayunar en no comernos al prójimo con el chisme, la intriga y la discordia. Y Bien, podríamos orar antes de recibir nuestros alimentos y rezar un rosario para consolar a la Virgen María en este calvario que le espera.

Deseo compartir estas meditaciones en forma de oración y peticiones de Cuaresma, para reflexionarlas y tratar de llenarnos un poco del “Sabor de Jesús”.

“Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza. Espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero. Estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte. Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin. Te alabo porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque eres mi protector”.

“Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me equilibre. Que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda. Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti. Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti. Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad. Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti”.

“Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras. Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi voluntad, que purifiques mi corazón, y santifiques mi espíritu”.

“Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tristeza. Que sepa yo, Señor, tener prudencia al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, y sencillez en los éxitos. Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad en el trabajo y firmeza en mis propósitos”.

“Señor, recibe mi miedo y transfórmalo en confianza. Mi sufrimiento en crecimiento. Mi silencio en adoración. Mi crisis en madurez. Recibe Señor mis lágrimas y transfórmalas en plegarias. Mi ira en intimidad. Mi desánimo en fe. Mi soledad en contemplación”.

Y por último, Padre, te pido con toda humildad, que me enseñes a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad de lo futuro.

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