23 de Octubre de 2018

Opinión

La labor del maestro

El poder de la pluma.

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El martes de la próxima semana será 15  de mayo y en nuestro país se celebrará  el Día del Maestro, figura que en los  años recientes se ha visto envuelta en  la polémica, debido a las actitudes y acciones de algunos sectores del magisterio; no por ello es posible negar la importancia vital que tiene para la sociedad y la vida de la nación la labor desarrollada por los educadores en la formación de las nuevas generaciones de  mexicanos; si la labor de la medicina procura preservar la vida, la de los maestros preserva la esencia del espíritu, tanto en su capacidad de conocimiento, como en las habilidades y actitudes que posee.

 La figura del maestro se encuentra en crisis, ha pasado del respeto y un alto aprecio social a la burla y el descrédito generados en buena medida por la utilización que de él  han realizado para su beneficio gobiernos de diversa índole, partidos políticos y sindicatos, y también a causa de la falta de legítima vocación magisterial de muchas personas que han visto la actividad como manera de asegurarse un puesto en la burocracia federal o estatal, cuando, sin un real interés, reducen su actividad formativa de seres humanos a un trabajo mecánico y repetitivo con el que sólo buscan asegurarse un salario.

La complejidad del mundo actual, con niños y jóvenes acostumbrados a la inmediatez, a la constante estimulación visual y auditiva, genera un cierto tedio por las actividades escolares. El afán de realizar actividades formativas, siempre y cuando sean útiles y permitan a las empresas contar con personal calificado para sus actividades, ha determinado en buena parte la labor del profesor, olvidando en ocasiones los fines últimos de la educación, como lo es la formación de seres humanos positivos para ellos mismos y su sociedad. La labor del docente no es unidireccional y tanto educa el maestro al alumno como el alumno al maestro, permitiéndole aprender de sus experiencias para ser un mejor educador día a día; esta labor de educar se hace en la intimidad de las aulas y en un silencio social que muchas veces oculta los enormes esfuerzos que el maestro realiza en su escuela, su medio y su vida personal para contribuir a la formación de seres humanos integrales.

Esta labor de convicción no se cumple por un pago, no se hace el bien por un reconocimiento, sino porque se está convencido de la bondad e importancia de la labor realizada. Conozco de manera personal a un gran número de maestros que ha puesto alma, vida, corazón y entrañas en formar buenos seres humanos simplemente porque reconocen la importancia de esta labor para nuestro país y sociedad; yo mismo reconozco con humildad y también con alegría que no sería nadie sin mis maestros, yo soy la suma de todos ellos, la suma de sus esfuerzos, sueños, esperanzas y pasiones; sólo le ruego a la vida poder responder adecuadamente ante tan altos ideales, lograr responder adecuadamente a toda su vida de esfuerzo por mí.

 En esta callada labor desgasta su vida aquel ser humano que por amor a sus hermanos se esfuerza en hacer de ellos la mejor versión posible de sí mismos. Qué enorme deuda de gratitud tiene este pueblo con sus maestros que, siendo formadores en la escuela, fuera de la escuela, en las alegrías y en las adversidades generosamente ofrecen a niños y jó- venes su vida para que ellos a su vez tengan una mejor vida. ¿Puede haber algo más bello que contribuir a que un ser humano realice plenamente todas sus capacidades?

 El verdadero maestro lo es de una vez y para siempre, lo será en la escuela y lo seguirá siendo fuera de ella, lo será en los años escolares y lo continuará siendo mientras tenga vida. Para sus alumnos, a pesar de los años y el tiempo transcurrido, seguirá siendo “su” maestro y si fue dedicado en su labor le seguirán oyendo con respeto y atención aunque aquéllos sean unos cincuentones y él ya un anciano; la autoridad de quien con cariño y esfuerzo te formó prevalecerá a través del tiempo.

Esta labor de entrega y amor a quien se educa llegará como todas las cosas de este mundo a su final algún día y es entonces cuando los maestros se verán cara a cara con el Maestro de Maestros; será entonces cuando el Maestro de la Vida con amor los reciba diciendo: “Venid benditos de mi padre”, adelante, “siervo bueno y fiel entra en el gozo de tu Señor”.

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