25 de Septiembre de 2018

Yucatán

'El encuentro con Cristo transforma'

El sembrador es Jesús y los que cosechan son sus discípulos, que recogen los frutos.

El don del agua viva significa la divina revelación de Dios Padre en la persona de Jesús. (SIPSE)
El don del agua viva significa la divina revelación de Dios Padre en la persona de Jesús. (SIPSE)
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MÉRIDA, Yuc.- III Domingo de Cuaresma

Ex. 17, 3-7; Sal. 94; Rm. 5, 1-2. 5-8; Jn. 4, 5-42

I.-  Ex. 17

Esta parte se encuentra en el centro del libro del Éxodo que describe la marcha del pueblo a través del desierto; nuestro texto narra de manera especial, el agua que brotó de la roca. Ahí leemos las murmuraciones, la oración de Moisés y el mandato de Dios, así como la prueba de la fe.

a) Las murmuraciones (Ex. 17, 3) 

En la reflexión religiosa de Israel el desierto se muestra como prueba y ocasión de las murmuraciones de las que no se puede salir victorioso si no es a través de la fe y la esperanza en Dios.

El pueblo no ha comprendido la trascendencia del acontecimiento del que es protagonista. Y deforma la profundidad de su significado repitiendo: nos sacaron de Egipto para hacernos morir.

b) Oración de Moisés e intervención de Dios (Ex. 17, 4-6)

Como respuesta a la plegaria de Moisés Dios le ordena que golpee la roca con su bastón. El bastón es como un signo de la potencia divina que actúa por medio de ese instrumento para liberar a Israel.

El bastón al golpear las aguas del Nilo las convirtió en sangre (Ex. 7,17); alzado hacia el cielo hizo descender fuego y granizo (Ex. 9, 23); puesto en dirección de Egipto provocó el viento que trajo la invasión de las langostas (Ex. 10, 13); colocado en dirección al mar dividió las aguas. (Ex. 14,6).

Es así la fuerza del poder de Dios que mediante un instrumento que es un signo, realiza el prodigio, en esta ocasión de la fuente de agua que brota de la roca, y sacia la sed del pueblo peregrino en el desierto. Así nació la tradición de la roca de la que brotó agua y que los seguía por el desierto. Tradición de la que se hace eco San Pablo (I Cor. 10,4).

c) La prueba de la fe (Ex 17, 7)

El nombre de Massa significa prueba, y el nombre de Meriba significa discusión <contestación>. La pregunta: ¿Está el Señor en medio de nosotros?, no pone un problema especulativo sobre la existencia o  no existencia de Dios, sino expresa una interrogación acerca de la presencia y acción salvífica de Dios. Es un contraste, pues mientras Dios muestra su fidelidad, Israel actúa como dudoso y desconfiado.

II.- Rm. 5, 1-2, 5-8

Este texto está tomado de la parte doctrinal de la carta que trata de la salvación y de la justificación mediante la fe.

a) La justificación mediante la fe (Rm. 5, 1-2)

Los efectos de la justificación por medio de la fe son la paz, la gracia, la esperanza. La paz no sólo como disposición psicológica del ánimo, sino como bien mesiánico que compendia los dones de Dios.

La gracia en la cual nos estabilizamos y el favor enorme de vivir en la amistad con Dios; condición nueva del creyente, justificado en forma gratuita por Cristo. 
La esperanza es aguardar la gloria de Dios, es decir de los bienes escatológicos que se fundan en Dios mismo.

b) La caridad de Dios (Rm. 5, 5)

Designa la actitud de Dios hacia nosotros; ella se ha revelado en estrecho vínculo con el amor de Dios. Él actúa en nosotros la caridad de múltiples formas:

• Hacia Dios, como respuesta de su caridad para nosotros.

•  Hacia el prójimo como prueba de la autenticidad del amor de Dios.

c) La caridad de Cristo (Rm. 5, 6-8)

El amor de Cristo para nosotros se demostró en su sacrificio. Él dio la vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores. La generosidad de su caridad es de naturaleza trascendente divina, que supera cualquier posibilidad humana. 
La caridad de Cristo y la caridad de Dios se encuentran y se identifican; ya que en el sacrificio de Jesús se muestra el amor de Dios Padre, que ha dado Su Hijo por nosotros y por nuestra salvación.

III.- Jn. 4, 5-42

El texto constituye la primera parte del capítulo IV del Evangelio de Juan y tiene tres cuadros: (a) El encuentro y diálogo entre Jesucristo y la samaritana, (b) diálogo entre Jesús y sus discípulos, (c) y el encuentro de Jesús con los samaritanos.

Cada cuadro tiene dos momentos de Dios:

a) El agua viva y la adoración de Dios.

b) Del alimento y de las cosechas.

c) El encuentro con los samaritanos que tiene como efecto la fe en Jesús.

En el libro del Génesis (33, 13) se narra que Jacob al regresar de Mesopotamia, había prestado servicios con Laban, y llegado a Siquem en el corazón de la tierra prometida había levantado un altar y había ordenado excavar un pozo profundo -32 metros- para beber él, sus hijos y sus ganados.

Cerca de este pozo existe un monte con mucha vegetación, el Garizim, sede de culto para la comunidad de los samaritanos, descendientes de aquel pueblo “Mista” hostil a los Hebreos que se constituyó como tal cuando fue conquistada la ciudad de Samaria en el 721 a.C. parte de una mezcla de hebreos fugitivos y colonos asirios deportados.

Los samaritanos reducidos ahora a pocos centenares que viven en la vecina ciudad Nablus, van aún ahora a celebrar su Pascua sobre este monte. Según lo que se ha llamado el texto de hoy “la mística del espacio” que caracteriza el Evangelio de San Juan, vemos como usa esos grandes signos topográficos, apenas si descritos, para convertirlos en símbolos de un misterio más profundo.

a) Diálogo con la Samaritana.-“El agua viva” (Jn. 4, 5-15). 

En torno al pozo el tema del diálogo es el agua. Que tiene tres frases de Jesús y tres de la mujer. Jesús inicia mostrando su sed corporal tan comprensible en esas tierras desérticas, para elevarlo a un nivel espiritual. El don del agua viva que le ofrece significa la divina revelación de Dios Padre en la persona de Jesús.

En el Antiguo Testamento, el agua –siempre tan preciada- significa: La Palabra de Dios, la Divina Sabiduría, la Ley. que se realizan en la persona de Jesús, puesto que Él es en sí mismo y por su palabra, Revelación de Dios, y el don del agua viva significa la efusión del Espíritu Santo, que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento se relaciona con el agua. (Ver Jn. 4, 16-19).

Secuencia del diálogo (Jn. 4, 16-19): Mientras Jesús conducía su reflexión a un plano simbólico –espiritual-, la mujer continuaba hablando del agua material, sin haber comprendido el cambio.

El diálogo que camina así a un punto muerto, es transformado por Jesús, y al invitarla a llamar a su marido, le agregó una revelación sobre su vida personal. Lo que hace reaccionar a la mujer sorprendida, y ella a su vez retorna el diálogo a una dimensión religiosa.

La Adoración de Dios (Jn. 4, 19-26): El problema que propone la mujer va hacia el lugar adecuado de la adoración de Dios. Pues en la Ley se había establecido que fuera único en el mundo, localizado en el templo de Jerusalén, en cambio para los samaritanos era el monte Garizim.

Jesús en su respuesta trasciende el aspecto de los lugares físicos, revelando que el culto auténtico hacia Dios Padre se realiza: bajo la acción del Espíritu Santo y en el servicio a la verdad, es decir, la Revelación de Jesús. Y tiene por tanto una dimensión Trinitaria: Hacia el Padre, bajo la acción del Espíritu, en el Hijo Jesucristo. Al terminar este diálogo, Jesús se reveló a sí mismo como Mesías.

b) El diálogo con los discípulos (Jn. 4, 27-34). 

Los discípulos hablan del alimento cotidiano maternal, Jesús en cambio de otro alimento. Que consiste en hacer la voluntad del Padre y realizar su obra. Es una afirmación de la obediencia total a su Padre, y la perfecta unión de voluntad de Jesús con Él, manifestando en la dimensión operativa, la unidad sustancial existente entre ellos.

La cosecha (Jn. 4, 35-38): Esta segunda parte del discurso de Jesús se desarrolla en el plano simbólico. Los campos ya maduros, designan los granos ya maduros, de los cuales los samaritanos son las rimicias.

El sembrador es Jesús, los que cosechan son sus discípulos que recogen los frutos de la siembra; es una realidad que se prolongará a lo largo de la Iglesia en esa dinámica de continuidad, somos sembradores y debemos sembrar incansablemente, pero al mismo tiempo recogemos los frutos de la siembra de los que vinieron precedentemente. Y Dios es quien da el crecimiento.

c) Jesús y los samaritanos (Jn 4, 39-42)

El llegar a la fe por parte de los samaritanos incluyó dos momentos, el primero por el testimonio de la mujer, que después del encuentro con Jesús, se vuelve su anunciadora, y el segundo de la predicación misma del Señor.

Esta narración concluye con la gran profesión de fe “Sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo”. Esta página evangélica tan rica de temas, se unifica y concentra en la persona de Jesús presentado como: Profeta, Mesías, Revelador y Salvador.

Conclusión:

Dice Jesús: “El que tenga sed, venga a mí y beba el que cree en mi” (Jn. 3,37). Jesús es la fuente de agua viva. Está la queja de Jeremías “Este pueblo me ha abandonado a mi fuente de agua viva, para excavar cisternas rotas que no son capaces de contener el agua” (Jer. 2,13). Todas las culturas aprecian y valoran el agua –hay 1500 citas en el Antiguo Testamento y 430 en el Nuevo Testamento que tienen relación con el agua.

“Como la cierva busca las corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, Dios mío” (Sal. 42, 2-3) “Vendrán días en que enviaré al país, no sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor (Amos 8,11).

Bien lo dice Santa Teresa de Ávila: “la sed expresa el deseo de una cosa, pero un deseo tan intenso que moriríamos si nos viéramos privados de ella” (Camino de perfección), y San Gregorio Nacianzeno tiene una frase muy hermosa: “Dios tiene sed, de que tengamos sed de Él”. “La Beata Madre Teresa de Calcuta siempre ponía en todas sus capillas con grandes letras al lado del crucifijo: “Tengo Sed”. (Jn. 19.28)

Pidamos al Señor: 

• Que día a día lo busquemos con la misma decisión que buscamos saciar nuestra sed.

• Que habiéndonos encontrado con Cristo, seamos apóstoles incansables de la Buena Nueva de Jesús comprometiéndonos en el trabajo apostólico en comunión con nuestra Parroquia y el Plan Diocesano de Pastoral.

• Que toda nuestra vida sea armonía con la voluntad de Dios para ser adoradores en “El Espíritu y al servicio de la verdad”

• Que seamos testigos de su amor, ya que “Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu que el mismo nos ha dado”.  (Rm. 5.5).

Amén.

Mérida, Yucatán, 23 de marzo de 2014.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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