15 de Diciembre de 2017

Yucatán

Los ojos del mundo, en el cráter de Chicxulub

Investigadores internacionales pretenden este año dar una respuesta definitiva a varios temas, como la extinción de los dinosaurios.

Una expedición científica taladrará en México 1.5 kilómetros de forma submarina para averiguar los efectos causados por un asteroide hace 66 millones de años, con lo cual se extinguieron los dinosaurios. En la foto, Museo de Ciencias del Cráter de Chicxulub. (Milenio Novedades)
Una expedición científica taladrará en México 1.5 kilómetros de forma submarina para averiguar los efectos causados por un asteroide hace 66 millones de años, con lo cual se extinguieron los dinosaurios. En la foto, Museo de Ciencias del Cráter de Chicxulub. (Milenio Novedades)
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Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- Un grupo internacional de investigadores tratará de 'arrancar' los últimos secretos del cráter de Chicxulub. 

En su revista electrónica, de este mes, la Universidad Nacional Autónoma de México, en un artículo firmado por Tom Dieusaert, se indica que este año se realizarán perforaciones a gran profundidad con lo que podrían dar una respuesta definitiva sobre el efecto del impacto de un meteorito que se supone desencadenó la extinción de todos los dinosaurios del planeta hace 65 millones de años.

Los trabajos se realizarán en el mar y cerca de donde Petróleos Mexicanos realizó exploraciones hace varias décadas en busca de yacimientos de petróleo.

El 13 de abril un equipo internacional de científicos partirá del puerto de Progreso, en el Golfo de México, y navegará 30 kilómetros mar adentro hasta una plataforma de perforación con la que se tiene previsto taladrar hasta un kilómetro y medio por debajo del lecho marino. Hasta ahora el cráter sólo había sido estudiado con perforaciones en tierra. Esta es la primera submarina.

En una entrevista que el líder de la expedición, Jaime Urrutia Fucugauchi, publica en un diario capitalino, se detalla que los expedicionarios saldrán el 13 de abril de este puerto rumbo al sitio en el que realizarán los trabajos de investigación patrocinados por una cadena internacional enfocada a la investigación.

"Uno de los objetivos principales es estudiar cuáles fueron las condiciones para el regreso de la vida marina en la zona después del impacto", explica Urrutia Fucugauchi, geofísico de la UNAM y uno de los líderes del grupo de investigación multidisciplinar, coordinado con la Universidad de Austin (Texas), el Imperial College de Londres y el British Geological Survey, y con la colaboración de científicos de la Universidad de Zaragoza y de la Complutense de Madrid. 

De acuerdo al artículo de la revista electrónica de la UNAM, el norte de la península de Yucatán tiene todo para fascinar a geólogos, paleontólogos, astrónomos y científicos de otras disciplinas.

La investigación busca ahondar el conocimiento sobre la formación de cráteres por impacto en la Tierra y en otros planetas y sobre sus efectos ambientales y ecológicos. "Nuestro nivel de comprensión de estos procesos aún es muy incompleto, y pese a tres décadas largas de intenso debate todavía seguimos intentando responder esta pregunta: ¿por qué aquel impacto fue tan catastrófico", se expone en el documento de presentación del proyecto.

El cráter de Chicxulub, que tiene menos fama que el de Arizona, es de otro calibre: tiene un diámetro aproximado de 200 km y se calcula que su profundidad es de 16 km. Se piensa que el meteoro que lo causó tenía 10 km de diámetro.

Según el reporte, en las investigaciones colaborará  también Mario Rebolledo, geofísico de la Universidad Autónoma de México, que estudia el cráter de Chicxulub.

Especificaciones

El proyecto tiene un presupuesto de 10 millones de dólares. Está financiado por el International Ocean Discovery Program y el International Continental Scientific Drilling Programa. La coordinación técnica es tarea del Consorcio Europeo de Perforación.

"Se perforará sobre una estructura característica en cráteres en la Luna y en Marte que se conoce como anillo de picos, una cadena circular de montañas. Chicxulub es único por lo bien preservado que está su anillo, y el estudio también nos permitirá evaluar de qué manera se forman estos anillos", dice el profesor Urrutia.

El cráter tiene entre 180 y 200 kilómetros de diámetro. En la Tierra existen otros dos más grandes y más antiguos, el de Vredefort en Sudáfrica y el de Sudbury en Canadá, formados hace 2,000 millones de años por impactos de asteroides o cometas. Pero su superficie está demasiado erosionada y modificada tectónicamente para una adecuada prospección científica.

La plataforma de estudio, similar a las petroleras, se asentará sobre tres pilotes. En la primera semana de perforación se prevé llegar a 500 metros bajo el suelo del Golfo de México, y poco a poco, a lo largo de los dos meses siguientes, la cata irá horadando un kilómetro más, recabando muestras de microfósiles, de minerales y de distintas trazas genéticas.

El proyecto, de nombre Expedición 364, podría desentrañar otros misterios hasta ahora insondables. Entre ellos el calentamiento climático que se produjo hace 55 millones de años, entre el Paleoceno y el Eoceno, que marcó el fin del reinado de las aves gigantes –posterior a la extinción de los dinosaurios– y el inicio de los diferentes grupos de mamíferos. También se espera que aporte detalles sobre el asteroide que golpeó nuestro planeta haciendo saltar por los aires una cantidad inconmensurable de rocas, generando una ola de calor abrasiva y dejando como huella por los tiempos de los tiempos el cráter Chicxulub.

Tesoro que apareció al buscar petróleo

La primera referencia que hubo del cráter sumergido se dio, a mediados del siglo pasado, dentro de trabajos exploratorios de Petróleos Mexicanos (Pemex). Se detectó que bajo el mar había una anomalía geofísica: una estructura semicircular de unos 180 kilómetros de diámetro.

Pero no fue hasta finales de los años 70 que ingenieros de Pemex, el mexicano Antonio Camargo y el estadounidense Glen Penfield, establecieron la hipótesis de que aquella forma submarina podía ser un campo volcánico enorme o un "cráter de impacto".

En 1991, Penfield, Camargo y un grupo de investigadores confirmaron que era un cráter. Y en 1992, otra investigación determinó, mediante estratigrafía magnética, que la edad del cráter, en efecto, se correspondía con la del tiempo del cataclismo del Cretácico.

(Con información de elpais.com)

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