23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Cuando 'La madre augusta de los mexicanos' llegó a Yucatán

El propósito central de Carlota era darle a la entidad un estatus especial de 'Centro de Gravedad' como quería Maximiliano.

En la imagen un Leguario que hace referencia al viaje de Carlota por Yucatán. (Milenio Novedades)
En la imagen un Leguario que hace referencia al viaje de Carlota por Yucatán. (Milenio Novedades)
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Jesús Mejía/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Yucatán se rindió a los pies de Carlota, la emperatriz de México, en su visita al territorio hace 149 años, ocasión en que los yucatecos vivieron en la fascinación de un cuento de hadas al recibir y colmar a la soberana que un cura local calificó como “La madre augusta de los mexicanos”.

Diversos historiadores, investigadores e intelectuales como Mario Humberto Ruz, Martha Robles y Antonio Mediz Bolio detallaron con base en sus estudios históricos cómo Mérida se convirtió en una proyección de la corte imperial por la fidelidad y el entusiasmo que mostraron sus habitantes.

Luego de la travesía en el vapor “Tabasco”, la soberana Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Belgique, el nombre original de Carlota, desembarcó en Sisal el 22 de noviembre de 1865, donde fue recibida con pompa por incondicionales súbditos.

El propósito central de Carlota era darle a Yucatán un estatus especial como vislumbraba Maximiliano: Un “Centro de Gravedad de los estados de Centro América”, dejando la dominación del norte a Estados Unidos y el sur al Imperio Brasileño, precisa el historiador Humberto Ruz.

En su viaje de Hunucmá a Mérida fue guiada por el “comisario imperial” José Salazar Ilarregui en una magnífica carroza tirada por finos caballos y de la que eran cocheros, lacayos y postillones linajudos caballeros emeritenses, se indica en las crónicas.

Los hacendados yucatecos se sintieron en sus tierras barones del rey y organizaron con los vaqueros indios grupos para defender la Corona: de las fincas se formaron escuadrones de caballería que se llamaron ampulosamente “Cosacos del imperio”, refiere Mediz Bolio.

A su entrada a la ciudad, los cañones, las campanas y la música llenaron los aires, y las calles hervían de gente vestida de gala. Cuando el séquito se detuvo en la plaza de Santiago, entonces garita de Mérida, jóvenes desengancharon los caballos de la carroza y tiraron de ella hasta la puerta de la Catedral.

Desde los balcones adornados llovían flores, cintas de colores y poemas, en sus avenidas se erguían arcos de triunfo con plantas de la región y la Plaza Principal se engalanó con 64 arcos tricolores de madera y más de cuatro mil lámparas. “Era como un sueño de otros tiempos”, escribió la emperatriz en sus memorias.

Para el Diario del Imperio, Carlota era “la madre tierna de los mexicanos, la insigne protectora de la Península de Yucatán, la amable, la simpática, la sin igual emperatriz Carlota que ha emprendido un largo y penoso viaje tan sólo para estudiar nuestras necesidades y saber nuestros deseos”. 

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