23 de Julio de 2018

Yucatán

La campana que hizo llorar a los habitantes de Espita

La monumental pieza, que data del año 1089, habría pertenecido a alguna de las iglesias católicas en España.

La señorial iglesia de Espita, que según expertos pudo ser levantada en el siglo XVII o por principios del XVIII. (SIPSE)
La señorial iglesia de Espita, que según expertos pudo ser levantada en el siglo XVII o por principios del XVIII. (SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- La semana pasada comentamos que tuvimos la fortuna de recorrer algunas poblaciones de Yucatán, entre las que se encontraba Espita. Este sitio que podría nombrarlo como lugar muy especial, por no decir señorial debido a sus bellas e imponentes construcciones, las cuales tuve la suerte de recorrerlas a pie y en trici-taxi, estuvieron a un paso de sucumbir ante la rapiña de inversionistas y comerciantes foráneos que llegaron a adquirir propiedades para saquearles sus bellas puertas o imponentes protectores y dejarlas desnudas.

Aunado a ello, adquirían puertas, ventanas, santos y todo tipo de antiguos objetos, pagando precios irrisorios a sus incautos propietarios que desconocían el valor real comercial y artístico de esas obras.

Pero por fortuna, gracias a la conciencia de sus pobladores y reciente autoridad municipal, pero en especial a la fundación Espita A.C., esta problemática está controlada en altísimo porcentaje, ya que esta Asociación Civil está en constante vigilancia. Ojalá y otras poblaciones imitaran el ejemplo de esta Fundación y de la población espiteña.

Por otro lado, algunas hipótesis con respecto al nombre del poblado señalan que proviene de uno de los pequeños cenotes que existían en el sitio y que los naturales le llamaban Xpit-há, que quiere decir “poca agua”. La castellanización de esta palabra es porque para los foráneos la “X” la pronunciaban con “es” y la “H”, por ser muda, hizo que el término se transforme en Espita. 

Aunque por su parte, el Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Yucatán señala que Cogolludo se refiere al sitio como Xp´itah que significaría “El lugar del salto”, pero es más probable que haya habido un error en la última sílaba, por cambio del orden de las letras, ya que en ese caso la significación sería “donde el agua salta” ya que ha es “agua”,  P´it es “saltar”,  y la “X” es signo nominal femenino.

Esta población fue antes Partido y curiosamente en una época, allá se ubicó la cabecera de Tizimín. De acuerdo a Rodolfo Menéndez, en su libro Geografía de Yucatán Partido de Espita, escrito en 1892, dice que el 29 de abril de 1852 fue concedido el título de Villa, aunque la página oficial del Gobierno del estado indica que fue en el año de 1825. 

El mismo personaje señala que en 1878 se le designa con el sobrenombre de Espita Peniche de Gutiérrez en honor de uno de los hijos que más se distinguieron en la guerra social, llamada también Guerra de Castas, aunque la misma página oficial precisa el año de 1876. 

Como recordaremos, en marzo de 1848 la población cayó en manos de los indígenas insurrectos de esta guerra campesina y fue recuperada por fuerzas del gobierno en diciembre de 1848, bajo las órdenes de los coroneles de Sebastián Molas, Lázaro Jesús Ruz y Tomás Peniche Gutiérrez, pero resaltando la audacia del primero y último de éstos.

Se piensa que originalmente varias fincas, ubicadas alrededor de esta zona, acordaron unirse para beneficiar a sus intereses y es por ello que se fundó el poblado, aunque esta zona estuvo antes habitada por grupos mayas perteneciente a la provincia de los Cupules, y a la llegada de los españoles se convirtió en una encomienda.

Uno de los lugares que hay que visitar de la misma forma que en todas las poblaciones de Yucatán es el templo parroquial, del cual se dice que es uno de los más bellos del estado con dos torres de tres tramos cada una. De acuerdo con el Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Yucatán, la iglesia debe ser de finales del siglo XVII o por principios del XVIII.

Efecto mágico

Un dato sumamente interesante que nos narra Serapio Baqueiro, en su interesantísima obra Ensayo Histórico sobre las Revoluciones de Yucatán desde el año 1840 hasta 1864 y editada por nuestro entrañable amigo y maestro Salvador Rodríguez Losa, es que cuando las fuerzas armadas gubernamentales recobraron la población, uno de los indios prisioneros reveló el secreto donde permanecía escondida la campana mayor de la bella iglesia de Espita, la cual se encontraba en el pueblo de Popolá.

De  inmediato, fueron a recuperarla para posteriormente restablecerla a su antiguo sitio con la ayuda de un gran aparato. Nos relata literalmente que los primeros tañidos produjeron un efecto mágico imposible de expresar y aquel majestuoso toque debió excitar los antiguos recuerdos, recuerdos de grandeza y prosperidad, y también de espantosa desolación y ruina producida por la guerra, siendo que en ese instante vio a mucha gente desbordarse en lágrimas.

Pero lo más sorprendente del asunto es que esa monumental campana la fundió Manuel Murillo en el año 1089 (mil ochenta y nueve), la cual perteneció seguramente a alguna de las iglesias católicas de España, en una época en que aún dominaban allí los árabes. 

Por cierto, hasta ahora continúan desaparecidas las campanas que se robaron de los dos templos de Hocabá, y ojalá y no pase bola y las encuentren.

Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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