19 de Diciembre de 2018

Yucatán

El Ilustrador: Orgullos de Yucatán se esfuman

Sergio Grosjean realiza un recorrido por las empresas yucatecas que dominaron el mercado y que luego fueron desplazadas por trasnacionales.

Pocas empresas yucatecas han podido sobrevivir a la competencia de capitales foráneos. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Pocas empresas yucatecas han podido sobrevivir a la competencia de capitales foráneos. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
Mérida, Yuc.- A lo largo del siglo pasado, Yucatán tuvo una industria con destacada presencia nacional e internacional y una de ellas, que puso en alto el nombre de nuestro estado fue la ferrocarrilera, de la que hoy solo quedan recuerdos. 

Ahora, una de las pocas sobrevivientes está siendo desmantelada y lotificada, y me refiero nada más y nada menos que a la Siderúrgica. Otra empresa de la misma familia y que, por cierto, fabricaba el “champagne  yucateco” fue la extinta Sidra Pino con su insuperable sabor “Pino Negra” que nunca la competencia pudo imitar.

Más antigua fue “La Yucateca” que fabricaba aguas gaseosas llamadas de Seltz y bebidas refrescantes de jugos de frutas. A principios del siglo XX, otras notables compañías fueron “La gran fábrica yucateca de chocolates S.A.” que producía alrededor de 500 mil paquetes al año. También se producía café y “La María” manufacturaba jabón.

La fábrica de fósforos “El Porvenir” elaboraba más de 30 mil cajitas de cerillos al año, y la fórmula empleada en su preparación se debía al naturalista yucateco Don Joaquín Dondé. Por cierto, la fábrica de galletas “Dondé” es de las pocas sobrevivientes de aquellos añejos tiempos, ya que su competencia de aquel entonces llamada “Gran fábrica de galletas, pastas alimenticias y escobas de Millo”, asentada muy cerca, en la antigua colonia “San Cosme” (actualmente García Ginerés), no resistió al paso del tiempo y a los embates de la competencia.

Cigarros y vicios

Las fábricas de cigarros “La Nacional” y “La Paz” fueron otras que tuvieron gran relevancia. Pero ya que de vicios hablamos, imposible saltarme uno de los íconos de Yucatán, tal y como lo fue la extinta “Cervecería Yucateca” que en 1909 ya producía  30 mil cajas y 3 mil barriles. 

Esta cerveza era de tan alta calidad, que hasta la mismísima prestigiada línea aérea alemana “Lufthansa” servía espumosas frías yucatecas en sus vuelos intercontinentales. Curiosamente había una fábrica de hielo que producía 8 mil toneladas al año, además de las 10 mil toneladas que destinaba a la misma cervecería.

Y ya que tocamos el tema de “El Porvenir”, alcohol y hielo, les narraré otra de las muchas historias que están inmersas en mi próximo libro “Anécdotas de las cantinas de Mérida, versión para que amarre”.

Por cierto, haciendo honor al lema de nuestro amigo Luis Boffil, “amiguitos y amiguitas”, debido a la gran cantidad de preguntas que llegaron a mi correo con respecto al libro, les comento que a principios de mayo lo presentaremos en alguna cantina que se apunte, tal y como la vez pasada fue en “El Porvenir” (que a partir del 5 de abril tendrá nuevo dueño, aunque ‘Cuxito’ siempre quedará de encargado).

Curiosa anécdota 

La historia se desarrolla de la siguiente manera: don Carlos, un veterano trabajador cantinero, tenía la riesgosa costumbre de poner cloro en un emvase de agua mineral ya que éste le servía para la “talacha” cotidiana en la cantina “El Porvenir”. 

Uno de esos sagrados días, luego de concluir con sus labores de limpieza, dejó el embase con cloro debajo de la barra, cuando llegó el primer cliente, quien pidió un ron Castillo derecho con agua y coca. Carlos lo sirvió tal y como lo ordenaron, y asentó las botellas de coca y agua al lado del trago. El cliente se sirvió y al probarlo, de manera vertiginosa, lo escupió.
 
Al instante, el parroquiano le dijo a don Carlos que el guaro estaba “vacunado” y pidió que se lo cambiaran, ya que de plano estaba intomable. Sorprendido ante tal situación, Cuxo, el párroco y propietario del abrevadero, entró en acción como es costumbre y le vertió otra agua fuerte al parroquiano, sólo que esta vez, delante de él para que no dudara de su autenticidad.

La situación fue similar: el cliente volvió a expectorar el “alipús”. 

Incrédulo Cuxo, ante tal situación, revisó cada componente y contrariado se percató que todo andaba bien, hasta que se le “prendió el foco” y se percató que el agua no era precisamente agua, pues resultó que era el cloro que servía para la limpieza del lugar. 

¡Por las enaguas de Dorstenializmor!

Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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