16 de Noviembre de 2018

Mérida

El Lilimbaquet

Ana María Rincón Montoya y César Pineda del Valle recopilaron una versión del mito de brujería en Yalajón...

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Ana María Rincón Montoya y César Pineda del Valle recopilaron una versión del mito de brujería en Yalajón, municipio de Chiapas.

Tiempo atrás, en la citada población se escuchaban ruidos extraños que partían del río homónimo del municipio, hasta el campo de aviación.

A las doce de la noche nadie salía a las calles pues la gente temía encontrarse con Lilimbaquet, nombre del espanto, el cual atravesaba el pueblo y desaparecía en la oscuridad del monte.

Cuentan que una noche, un habitante del lugar, Eulalio, decidió descubrir la causa de los extraños ruidos y así caminó hasta el comienzo del río y vio llegar a cierta dama del pueblo, quien bajo un árbol inició una macabra ceremonia. La mujer dijo tres veces ¡Bájate carne! Y sus carnes se bajaron de la cara, del tronco y los brazos, y finalmente de las piernas. Sólo quedó un pavoroso esqueleto el cual inició su marcha por el pueblo. Al caminar se oía el ruido “clan-quet, clan-quet, clan-quet”.

Eulalio se desmayó del susto y fue hasta el día siguiente, cuando el sol lo despertó, que volvió a su casa. En los días siguientes estuvo cavilando lo que debía de hacer. Así que en una noche, encomendándose a todos los santos, tomó un frasco de sal y se fue al lugar de los hechos.

Llegó el Lilimbaquet y repitió su ritual. Eulalio, temblando de miedo, esperó que toda la carne estuviera en el suelo y que el esqueleto se retirara. Se acercó a ella y le echó toda la sal del frasco. Los músculos se retorcieron como si tuvieran vida propia. Eulalio regresó a su casa pero le atacaron los escalofríos.

Cuando regresó el esqueleto para recuperar sus partes blandas, ordenó a la carne subirse a los huesos. Pero ésta, quemada por la sal, no obedeció a su mandato. Desesperado, el esqueleto huyó lejos, antes que la luz del sol lo sorprendiera.

Los habitantes de la comunidad dejaron de escuchar aquellos ruidos que los atemorizaban. Como extraña coincidencia, Tomasa, una dama de la población, desapareció misteriosamente. Eulalio tuvo una fiebre muy fuerte hasta que falleció. Nadie supo la causa de su mal, pero pobladores creen que fue por haber acabado al Lilimbaquet.

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