20 de Agosto de 2018

Opinión

El origen de los mazahuas y Nguemore

En la obra de Guadalupe Cevallos Almada y Marisa Fernández se encuentra un relato...

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En la obra de Guadalupe Cevallos Almada y Marisa Fernández se encuentra un relato el cual contiene dos mitos de origen que son complementarios.

En el primer mito se dice que un día Jayru, el dios más grande de los mazahuas, creó el sol y la luna. Pero quiso que del primero naciera la vida y todas las demás cosas. Cuando lloraba surgían los ríos, los lagos y los manantiales. Cuando se movía, impulsaba los vientos. Cuando sonreía, brotaban flores y pájaros por todas partes.

Surgieron los primeros hombres que poblaron la tierra. Se les llamó mandas y fueron gigantes, pero de cuerpo tan débil que se caían al suelo cuando soplaban los vientos. Desaparecieron pronto y en su lugar llegaron otros seres pequeños, los mbeje, que tampoco perduraron mucho. Finalmente aparecieron los mazahuas sobre la tierra. Sus descendientes habitan en el actual Estado de México.

En el segundo mito, los mismos mazahuas cuentan que Jayru quería especialmente a un hombre llamado Nguemore. Éste tenía toda la naturaleza a su disposición, pero no era feliz porque necesitaba una pareja, una mujer que lo quisiera y que lo acompañara en la tierra.

Un día, Nguemore encontró en un valle a una doncella cubierta con un manto blanco que venía caminando hacia él. Quedó subyugado por su belleza. Le llamó Toxte y la llevó a la cueva en donde él habitaba. Ahí unieron sus vidas.

Tuvieron muchos descendientes que luego constituyeron el pueblo mazahua. Aprendieron a cultivar el maíz para alimentarse y plantaron el mama, un árbol donde los ancestros registraron el origen, tiempo y lugar de esta etnia.

Un día Toxte enfermó mortalmente y, antes que falleciera, Jayru la transformó en una imponente montaña. Lo hizo para que ella permaneciera en la tierra por siempre. Nguemore, al quedar solo, suplicó a su dios Jayru que lo convirtiera también en montaña para estar al lado de su amada. Volteó la cara hacia sol hasta quedar ciego. Ante sus hijos y su pueblo, se convirtió también en montaña. El lugar donde esto sucedió es venerado por los mazahuas y se encuentra hoy en el municipio de Jocotitlán, en el Estado de México.

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