22 de Mayo de 2018

Yucatán

La princesa maya de Burrotunich

La escultura de más de dos metros de alto y 400 kilos fue rescatada de unos saqueadores y desde hace 12 años está en el palacio municipal de Opichén.

Hace varias décadas abundaban saqueadores en las ruinas arqueológicas de Yucatán. (Jorge Moreno/SIPSE)
Hace varias décadas abundaban saqueadores en las ruinas arqueológicas de Yucatán. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En diversos municipios de Yucatán quedan vestigios de la cultura maya a través de las ruinas arqueológicas, pero también por desgracia ha habido saqueos de lápidas y esculturas, las cuales, según reportan algunas personas, están “encantadas” y han cobrado vida en protesta por el sacrilegio que cometen los saqueadores.

Burrotunich es una comisaría del municipio de Opichén donde intentaron robar una escultura de una princesa maya, pero por fortuna fueron descubiertos los ladrones.

Se trata de una escultura de piedra de una princesa maya de más de 600 años de antigüedad que parece estar “dormida” y cobra vida por las noches, aseguran varios pobladores del municipio de Opichén.

La historia de este caso es muy interesante, se trata de una lápida de piedra que mide casi dos metros de altura y tiene un peso aproximado de 400 kilos; está en el interior del palacio municipal de Opichén desde hace 12 años.

Rescatada en pleno saqueo

Originalmente, estaba en el pueblo de Burrotunich, muy cerca de Calcehtok, pero un día un campesino que tenía su parcela por esos rumbos reportó a las autoridades que unos saqueadores se la estaban llevando. Por fortuna, la policía municipal lo impidió y se llevaron “el cuerpo del delito” hasta el palacio, donde permanece desde hace 12 años.

Un agente policiaco entrevistado en el palacio comentó que él, en ese entonces, fue a rescatar al “guerrero maya”, pues también laboraba en el palacio. Al principio colocaron la escultura de pie en la terraza municipal, pero tiempo después prefirieron cambiarla de lugar y “acostarla”, tal y como permanece ahora, junto a las escaleras del segundo piso del palacio.

Recuerda que tuvieron que cargarla entre 15 o 20 personas dado el peso de la misma, y que el INAH no tomó cartas en el asunto, “creo que sí lo reportaron pero nunca vinieron a buscar la escultura”.

De acuerdo con varios testigos, la escultura cambia de sitio por sí sola, abre y cierra los ojos (por eso a veces dicen que está “dormido”) y consideran que está “molesto” por no estar en su sitio original.

Existe una leyenda que dice que las esculturas de este tipo nunca deben ser sacadas de los sitios sagrados; de hecho un h’men de nombre Felipe Mukul aseguraba que hace aproximadamente 50 años había cuatro saqueadores de Uxmal que acostumbraban llevarse reliquias para vender en el mercado negro, pero cuando robaron la escultura de un guerrero maya (parecido al de Opichén) fallecieron de forma trágica uno por uno en un lapso de un mes.

En el caso del “guerrero dormido” no se sabe si sus saqueadores corrieron con la misma suerte, ya que alcanzaron a huir.

En el palacio tampoco se tienen reportes sobre algún fallecimiento o accidente que hubiese ocurrido a visitantes y pobladores que se han acercado a ver la escultura, aunque quizás esto se deba a que de cierta forma son los “custodios” y aún permanece cerca del pueblo de donde fue sacado.

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