19 de Octubre de 2018

Yucatán

Se encontró con su hermano después de muerto

Rolando Dzul Villanueva afirma que un día, al embriagarse, tuvo la experiencia paranormal en una fiesta familiar.

Un crucifijo muy similar a éste es el que se llevó a la tumba el hermano de un hombre que afirma haber estado con él después de que murió. (Jorge Moreno/SIPSE)
Un crucifijo muy similar a éste es el que se llevó a la tumba el hermano de un hombre que afirma haber estado con él después de que murió. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Normalmente no hago mucho caso cuando una persona me platica una historia de alguna experiencia paranormal que haya tenido estando alcoholizado, ya que los influjos de las bebidas que tomó podrían ser motivo de alguna alteración del cerebro o alucinación que pudiera explicar tal suceso, sin embargo en muy contadas ocasiones se deben de hacer excepciones, como en el caso que les platicaré hoy.

Se trata de un caso que me relató Rolando Dzul Villanueva, de 41 años de edad y oriundo de la ciudad de Mérida, con quien tuve oportunidad de platicar hace casi dos meses; sin embargo, qué mejor que hoy para presentarles el caso, ya que ocurrió precisamente durante las celebraciones de Navidad

Y aunque estaba alcoholizado cuando vivió su experiencia paranormal, después de que lean la entrevista que le hice ustedes mismos juzgarán si fue trascendente o no su grado de borrachera:

“Mi experiencia de historia para no dormir ocurrió en la Navidad de hace tres años; la pasamos con mi familia, la cual es muy extensa, ya que somos nueve hermanos y casi todos nos reunimos en casa de mi mamá, con primos, tíos, nietos, etc. 
Estamos hablando de reuniones de más de sesenta personas.

“En aquella Navidad de 2011, fue de cierta forma un poco triste porque dos meses antes murió uno de mis hermanos, estaba relativamente joven (53 años), pero los infartos nunca avisan, y era uno de los más bailadores y alegres de la familia. Por desgracia y por cuestiones de trabajo yo no pude estar en el velorio ni en el entierro, ya que me fui de viaje a Villahermosa, Tabasco, y me fue imposible regresar de inmediato, algo que siempre lamentaré".

Fiesta a pesar de muerte

“Llegó el 24 de diciembre y decidimos celebrarlo con toda la familia como siempre, pensamos en no hacerlo, pero luego de razonarle creemos que nuestro hermano hubiera preferido continuar con la pachanga y que no estuviéramos tristes".

“Yo no soy de tomar mucho, siempre me mido, pero ese día no se qué pasó que tomé de más y me empecé a sentir mareado. Entonces, mi esposa me llevó a uno de los cuartos de la casa de mi madre para que me recostara y descansara un poco, cuando en eso, entre sueños recuerdo que entró una persona, a la cual no reconocí en un principio".

“Pero conforme se iba acercando me fui dando cuenta que ¡era mi ¡hermano difunto!, pensé que estaba soñando, pero este se acercó hasta mi hamaca y sentí que tocó mi mano, él solo sonreía, pero vi que estaba como contento, en paz; a pesar de mi borrachera yo sabía que él estaba muerto, pero hasta me senté en la hamaca para descubrir que no estaba soñando".

“Entonces él me dijo que yo no me preocupara porque se encontraba muy bien y que tampoco me sintiera mal por no haber llegado a su velorio y a su entierro, cosa que en verdad pensaba, pues tenía remordimiento.

“Pasaron como cinco minutos y me dijo que se tenía que ir, pero me reiteró que se encontraba muy bien. Yo, la verdad, ya hasta el trago se me había bajado, salí del cuarto y dos de mis hermanos me preguntaron que si estaba bien porque me veían pálido.

“No aguanté las ganas y les conté la experiencia que tuve, pero nadie me creyó, incluso uno de ellos se molestó porque me dijo que sólo me estaba burlando, lo cual no fue así.

El crucifijo

“Me sentí mal porque nadie me creía, pero al cabo de tres días pasó algo increíble; recordé que cuando vi al fantasma de mi hermano este tenía colgado en el cuello un crucifijo de plata con una cadena negra y recordé que así tenía uno hace muchos años nuestra madre.

“Le pregunté a mi mamá que había hecho con ese crucifijo, pues pensé que a lo mejor era una especie de señal y casi me voy de espaldas cuando mi mamá me dice que el día del velorio decidió ponérselo al difunto porque cuando era niño le gustaba mucho.

“Yo jamás me enteré de eso ni me lo dijeron mis hermanos, y pues menos pude haberlo sabido porque no estaba en el velorio ni tampoco nunca se habló de eso cuando mi hermano vivía, ya que fue algo que al momento le nació hacer a mi madre.

“Le dije a mi mamá que cuando se me manifestó mi hermano el 24 tenía colgado el crucifijo en el cuello y ella sólo se persignó. No sé si me creyó o no, pero yo estoy seguro de que aquella madrugada si mi hermano se vino a despedir”, finalizó.

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