19 de Octubre de 2018

Yucatán

Demonio maya pone a prueba fidelidad canina

El ente maligno pensó que podría sacar partido de la supuesta rabia que sentía un can que recibía frecuentes malos tratos de su amo.

El kakasbal es un demonio maya que puede tomar diversas formas. (SIPSE)
El kakasbal es un demonio maya que puede tomar diversas formas. (SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hoy hablaremos de una leyenda maya, conocida como el Kakasbal, una especie de demonio convertido en animal, que es pesadilla de los campesinos y personas que habitan los montes.

Cada vez que un campesino ve al Kakasbal pega un grito de terror, pues sabe que por más que corra y se esconda puede ser visto por la bestia. Se cuenta que nació en el inframundo; era el espíritu del mal a quien los mayas llamaban la “cosa mala” (Kakasbal) y se supone que venía del centro de la tierra, le decían también “la sombra de las sombras” porque su silueta se confundía con la noche y su voz con los vientos. 

A veces podía hablarle a una persona y hacerle creer que era su voz interna, su voz humana, cuando en realidad era una fuerza implacable que buscaba el sufrimiento y la separación de los hombres. Su voz se apoderaba de los hombres y los volvía violentos, malos, codiciosos y ambiciosos.

Es el más horrible de los seres fabulosos mayas: monstruo peludo, posee cuernos y grandes orejas, incontables brazos y pies y garras de cuervo. Su cuerpo está formado por órganos de diferentes animales que se odian entre sí; sus ojos relampaguean y su voz es un sordo sonido gutural. Una serpiente o un lagarto suelen constituir su cola. Al caminar, deja tras de sí un desolado rastro de árboles destrozados y animales muertos. Su funesta presencia la perciben todos los sentidos a la vez, por lo que es aconsejable alejarse cuanto antes de sus dominios, para no respirar el vaho de su aliento ponzoñoso.

El Kakasbal es criatura de la noche y aborrece la luz del sol; en sus andanzas también envenena las plantas, arruina las cosechas y provoca las pestes y las hambrunas. Es enemigo natural del hombre, cuya carne hace añicos con sus poderosos colmillos. A los niños pequeños los envenena para beberse su sangre. Posee también el poder de adoptar diversas formas, y puede transformarse lo mismo en un obscuro pájaro del mal, que en un diminuto insecto o en un hombre perfectamente desarrollado.

Ente maligno

El Kakasbal, de acuerdo con la cultura maya, es un ente maligno de gran estatura, con muchos pies y brazos, muy peludo, que en ciertas noches vagaba por los campos destrozando plantas y animales, devorando hombres y bebiendo sangre de niños.

Una de las leyendas más conocidas sobre los encuentros del Kakasbal con los hombres habla de la única vez que ha sido derrotado y no precisamente por un hombre.

Cuenta la leyenda que un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal que está en todo, vio que podía sacar partido de la rabia que seguramente el perro sentía contra su amo, y así se le apareció y le dijo:

–Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.

–¿Cómo no he de estarlo? Si mi amo me pega cada vez que quiere -respondió el perro.

–Yo sé que es de malos sentimientos ¿por qué no lo abandonas?

–Es mi amo y debo serle fiel.

–Yo podría ayudarte a escapar.

–Por nada lo dejaré – dijo el can.

–Nunca agradecerá tu fidelidad – replicó el Kakasbal

–No importa, le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

–Creo que me has convencido; ¿dime qué debo hacer?

–Entrégame tu alma.

–¿Y qué me darás a cambio?

–Lo que quieras.

–Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.

–Acepto.

–Cuenta, pues…

Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro, pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.

–¿Por qué te mueves? -le preguntó Kakasbal.

–No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba.

Al final, el Kakasbal dijo:

–No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

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