15 de Noviembre de 2018

Yucatán

Ya muerto pide perdón a sus padres por avergonzarse de ellos

En vida, Alejandro nunca superó que su familia fuera humilde en el municipio de Maxcanú. Al fallecer lo aceptó.

Arco de entrada a Maxcanú, villa donde ocurrió la historia de Alex, el hijo que se avergonzaba de sus padres. (Jorge Moreno/SIPSE)
Arco de entrada a Maxcanú, villa donde ocurrió la historia de Alex, el hijo que se avergonzaba de sus padres. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Algunas leyendas mayas están basadas en situaciones que vivimos hoy en día. Me refiero específicamente a la vergüenza que algunas personas sienten por su origen, condición social y económica.

El caso del día de hoy está basado en hechos reales. Ocurrió en el municipio de Maxcanú en los años setenta y el protagonista se llamaba Alejandro, quien era de origen humilde, ya que su papá era un campesino que dependía de la milpa, lo cual era algo que avergonzaba a “Alex”.

Siempre decía que cuando creciera haría todo lo posible por irse del pueblo, de hecho se avergonzaba de saber hablar la lengua maya y lo negaba siempre que podía. Sus cuatro hermanos eran buenos y veían con tristeza junto con sus papás la desmedida ambición del primogénito.

Cuando creció, le dieron la oportunidad de trabajar como ayudante de chofer en una ruta foránea, y fue así como conoció a unos traileros que lo ayudaron y lo “palanquearon” para que trabajara con ellos. Pasaron los meses y Alex ya no regresó a su pueblo.

Solo fue por su certificado

Tras casi cinco años, la pareja de humildes campesinos vieron que un coche se detuvo en la puerta de su chocita. Se trataba de su hijo Alex y aunque les dio mucho gusto verlo, notaron que había cambiado, pues se había vuelto más soberbio que antes y no daba muestras de cariño hacia sus padres, a pesar de que había pasado tanto tiempo sin que los viera.

Alex sólo había ido a buscar su certificado de primaria que necesitaba para unos trámites y sin más se dio la media vuelta para irse. Lo poco que dijo fue que ahora ya era chofer de camión de una empresa de mudanzas con sede en Mérida y viajaba por todo el sureste del país.

Sus papás ya habían escuchado que en al menos tres ocasiones ya había ido al pueblo, pero nunca había ido a visitarlos y en esa ocasión sólo fue por la necesidad de los papeles, de no ser por eso ni se hubiera asomado.

Muere en trágico accidente

A las pocas semanas ocurrió un fatal accidente. El camión de Alex se incendió cuando regresaba de un servicio en la ciudad de Campeche y falleció calcinado, y esto ocurrió casualmente cerca de su natal Maxcanú, a la altura de la carretera a Kopomá (a media hora de Mérida, en la que antiguamente se conocía como Camino Real).

No se sabe con exactitud el motivo del accidente, ya que unos dicen que en realidad se durmió y al salirse de la carretera ocurrió el incendio, pero esto es lo menos importante, ya que el meollo de esta historia es que, a partir de este momento, quizá su ultimo pensamiento fue de arrepentimiento por el trato que daba a sus papás y la vergüenza que sentía de su origen humilde.

A esta conclusión llegaron quienes conocieron a Alex por lo que ocurrió después, pero antes hay que decir que debido a que ya vivía en Mérida y a que casi a nadie le había dicho que sus papás vivían en Maxcanú, éstos tardaron un día en enterarse de la muerte de su hijo (recordemos que eran los años setentas y no era tan sencillo como ahora localizar a las personas).

Decían que Alex fue a pedirles perdón

La sorpresa y el sufrimiento de los papás fue muy grande, pero sobre todo el hecho de que ellos juraban que una noche antes su hijo había ido a pedirles perdón.

Afirman que esto fue a alrededor de las 11:30 de la noche, cuando ya se habían acostado a dormir, lo vieron parado en la puerta de la calle, no quiso acercarse, sólo dijo “perdónenme viejos, estoy muy arrepentido del trato que les di, pero ahora su situación económica cambiará”. Luego de esto vieron que se fue caminando.

Lo sorprendente del asunto es que el accidente, y por lo tanto la muerte, ocurrió a las ocho de la noche, es decir tres horas y media antes de que los papás lo vieran en la puerta de su casa en Maxcanú.

Se podría afirmar que el alma en pena arrepentida de Alex fue a despedirse y pedir perdón a sus papás a pocas horas de haber fallecido en el accidente.

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