20 de Enero de 2018

Yucatán

El curandero de Ticul que se convertía en Huay Pek

Soldados españoles atestiguaron y dieron fe de la existencia del mítico ser, hace más de tres siglos.

Un español documentó la existencia del Huay Pek desde el siglo XIX. (Jorge Moreno/SIPSE)
Un español documentó la existencia del Huay Pek desde el siglo XIX. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Esta leyenda data de finales de 1792, de acuerdo con las crónicas escritas, en la ciudad de Ticul vivió el señor Juan Moo, quien era considerado uno de los mejores curanderos de todo el sur de Yucatán, quien incluso era requerido para hacer trabajos en los estados vecinos de Campeche y Quintana Roo (aunque en ese entonces ambas entidades pertenecían a Yucatán).

Abuelos de la gente antigua que vive en Ticul fueron testigos de muchos de los trabajos que realizó este hechicero e incluso varios de estos están escritos en crónicas eclesiásticas en donde son calificados como herejes.

A pesar de que por obvias razones la iglesia no podía ver a don Juan, éste era respetado y apreciado en su pueblo, ya que sólo hacía trabajos de magia blanca para ayudar a quien solicitara sus servicios, y para ello se transformaba en un enorme perro negro.

Hoy sería insólito, pero en esa época eran comunes los brujos que se transformaban en animales, por lo que la gente no se asustaba cuando veían a don Juan en su forma canina, aunque era de grandes proporciones y por momentos caminara en dos patas y diera grandes aullidos.

Aún así, por precaución, las personas que lo veían preferían guardarse donde pudieran o apurar el paso rumbo a sus domicilios para evitar interferir en el camino de este o cualquier otro Huay Pek.

Españoles incrédulos

Según cuentan, cuando los españoles se enteraron de esto (recordemos que en ese entonces el país era colonia de España) no daban crédito a ello y dijeron "hasta no ver no creer", y una noche, varios de ellos, encabezados por el coronel Bixente Almazán Guardiola, se guardaron en una casa cerca de la calle que da al cementerio para verlo, su curiosidad era muy grande.

A la tercera noche de paciente espera, vieron cómo un enorme perro pasó por ahí, pero el coronel, pensando que más bien se trataba de un animal bastante crecido, quiso espantarlo disparando al aire; sin embargo, al cortar cartucho, el perro viró a ver de inmediato, pues tenía un aguzado oído y vio directamente a la ventana donde estaba el coronel, como si ya supiera de antemano que ahí estaría.

Al verlo con sus penetrantes ojos rojos, la bestia dio un fuerte aullido y se puso de dos patas, por lo que el coronel Almazán reconoció después que él se fue hacia atrás de la impresión y tiró el arma, ya que sabía que lo que estaba viendo era cosa del demonio y prefería no intervenir disparando su arma de fuego.

Sus acompañantes también tuvieron mucho miedo y de inmediato se sentaron bajo la ventana, se persignaron y empezaron a rezar como desesperados. De esta anécdota todo el pueblo se enteró, ya que el coronel Almazán contra lo que se pudiera pensar era un "gachupín" muy platicador y curioso, por lo que desde el día siguiente le platicó a cuanta persona veía que ya creía en el Huay Pek, pues lo había visto y lo había tenido frente a él.

Constancia periodística

De esto, hay incluso un reportaje en un periódico antiguo de España, ya que el coronel Almazán cuando regresó a su país informó no sólo a sus superiores, sino hasta a la prensa de lo que habían visto sus ojos. 

Ahí queda pues el testimonio de un militar español que siendo escéptico conoció en vivo y a todo color al Huay Pek y se convirtió en un firme creyente de la existencia de estos seres. 

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