16 de Enero de 2018

Yucatán

Nuevos relatos de terror en panteón yucateco

Vecinos de Valladolid cuentan las experiencias paranormales que se viven en panteón de la Sultana del Oriente.

Tumba donde está enterrado el doctor que se suicidó. (Jorge Moreno/SIPSE)
Tumba donde está enterrado el doctor que se suicidó. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace poco más de un año presenté en la sección “Cementerios de terror” cuatro historias paranormales contadas por el velador del panteón de Valladolid. En esta ocasión ofrezco tres nuevos casos que han ocurrido en ese mismo sitio y que pude recopilar en los últimos meses al entrevistar a personas que viven en la Sultana de Oriente.

El día de los fieles difuntos

Don Román Velázquez afirma que en dos ocasiones ha visto a la procesión de las ánimas deambulando en el interior de este camposanto, justo en los días de finados.

“Tengo actualmente 48 años de edad y desde niño mis abuelos me decían que las ánimas vienen a visitarnos los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre pero nunca le di importancia a esto hasta que me tocó vivirlo en carne propia hace dos años, cuando fui a visitar la tumba de mi madre aquí en Valladolid”.

“Eran las seis de la tarde del 31 de octubre, había algo de gente pero de pronto vi a cinco personas caminando en fila india, casi en cámara lenta y sosteniendo unas velas; se me hizo muy extraño. No parecían ser de este mundo y mis sospechas se confirmaron al ver cómo desaparecieron en un pasillo del cementerio y no había forma que se hubieran guardado, por desgracia no había nadie junto a mí que corroborara lo que vi”.

“Por si esto fuera poco al día siguiente pasé en mi vehículo cerca del panteón, pero eran como las diez de la noche y vi a esa misma procesión a una cuadra de ahí; estaban cruzando la calle, la verdad que sí me dio miedo pues mi abuelo decía que si te ven cuando tú los estás mirando como que te hipnotizan para que te acerques, te dan su vela y a los tres días falleces”.

“Lo que yo hice fue detener un momento el auto, mirar a ver a otro lado y después ya mejor me desvié para no pasar cerca de ellos”, finalizó.

Los niños que juegan

Por su parte, don Zenón Pech recuerda que cuando era niño cada vez que acompañaba a sus papás para visitar las tumbas de sus abuelos se ponía a jugar con unos niños que veía ahí. “Ya con el paso de los años crecí y ahora que lo recuerdo pues no había niños, sólo yo los veía pero estoy seguro que no fue mi imaginación, creo que eran las almas de los niñitos que están enterrados ahí y creo que les llama la atención ver a niños de carne y hueso”.

“Mis papás dicen que me veían jugar solo cuando estábamos en el panteón, por lo que creo que eran invisibles a la vista de los adultos”, explicó. 

El doctor arrepentido

Doña Ana Arceo comenta que a ella le ha tocado ver el fantasma del “doctor arrepentido”. La historia la hemos publicado antes y en resumen: pasó que hace unos 20 años un doctor se suicidó al tomar herbicida. Se cuenta que al momento de ingerirlo se arrepintió y llamó de inmediato a su hermano Víctor, pero fue demasiado tarde, a pesar de que intentaron curarlo se murió y fue enterrado el panteón de Valladolid.

“Entonces su hermano puso en renta la casa donde vivía el doctor y los inquilinos empiezan a reportar que les suceden varias cosas raras, decían que escuchaban una voz que decía “Víctor” y que pedía que fueran por él; los que rentaban no estaban enterados de la tragedia que ahí había sucedido ni conocían ese nombre, ya que habían rentado a través de terceras personas.

“El hermano pensaba que todo era una broma y que de alguna forma los inquilinos se habían enterado de la tragedia que había ocurrido ahí, pasó el tiempo y tanta fue la insistencia de estos que logran convencerlo para que fuera.

“Cuando llega se le manifiesta su difunto hermano y le pide que limpien la casa, ya que al morir no había limpiado toda su sangre. Asustado, Víctor accede a eso, después buscó un sacerdote para que hiciera misas para el eterno descanso de su hermano y es así como por fin pudo descansar en paz, ya que dejan de darse las manifestaciones”.

Y en el cementerio... 

Lo que vio doña Ana es la silueta de un hombre adulto, con una especie de bata blanca, muy cerca de donde está enterrado este doctor. “No lo conocí en vida pero sí supe su triste final, me dicen que con frecuencia se manifiesta ahí y lo que yo vi hace dos años creo que era su alma en pena”, finalizó.

Cabe recordar que las cuatro historias que publicamos hace un año nos la contó don José Santiago Loría Aguilar, con 16 años trabajando como velador de este sitio. De hecho, heredó el puesto, ya que anteriormente estuvo su papá por poco más de cuatro décadas hasta que se jubiló.

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