20 de Noviembre de 2018

Yucatán

Epilepsia, mal que aqueja a Yucatán

En el Estado uno de cada 10 yucatecos sufren de ataques epilépticos; recomiendan informarse para ayudar a quienes padecen la enfermedad.

La electroencefalografía ayuda a dar un diagnóstico más acertado de la epilepsia. (Milenio Novedades)
La electroencefalografía ayuda a dar un diagnóstico más acertado de la epilepsia. (Milenio Novedades)
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Coral Díaz/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- La epilepsia, que afecta a uno de cada diez yucatecos, se ha convertido en uno de los problemas neurológicos más frecuentes en la población del Estado y se puede ligar a eventos diversos como traumatismos craneoencefálicos, problemas de nacimiento o enfermedades adquiridas con el paso del tiempo.

“En los momentos de crisis de un paciente epiléptico, la falta de información sobre esta enfermedad genera que no se sepa cómo abordar a estas personas de manera adecuada”, alertó Luis Enrique Granados Puerto, subdirector médico del hospital  “Benito Juárez”.

Cabe señalar que tan solo en el  área de neurología del Hospital General Regional (HGR) número 12 del IMSS Yucatán la mitad de los pacientes que consulta va por esa enfermedad. De esta manera, se registran en promedio 250 pacientes al mes.

El médico explicó que la epilepsia es un trastorno caracterizado por convulsiones repetitivas de algún tipo, las cuales son resultado de una alteración en la función cerebral y se producen por una excitación eléctrica anormal en el cerebro y  ocurre cuando los grupos de células nerviosas envían señales erróneas.

El especialista indicó que cuando se presentan estos ataques las personas del entorno no saben cómo reaccionar, pero lo más importante es evitar que el paciente lastime a los demás y a él mismo. Por ejemplo, si cae cerca de una mesa, se debe alejar el mueble y los objetos cercanos.

Las crisis convulsivas son más frecuentes en la infancia, es decir del nacimiento a los cinco años de edad y van disminuyendo en la niñez, de los cinco a 12 años de edad

La realidad es que estas personas al presentar una crisis se  lastiman  al golpearse al caer y morderse la lengua, por eso existen recomendaciones de meterle algo en la boca al paciente para que no se siga lesionando, pero éste puede resultar complicado y a veces contraproducente.

Por tanto, el médico internista reiteró que ante una crisis, la cual puede durar de tres a cinco minutos, lo que se debe evitar es que la persona se golpee con lo que está alrededor y esperar a que pase y que llegue al periodo postictal, que es cuando el paciente queda como dormido porque se encuentra en estado de relajación; no está consciente aún , lo cual puede tardar de cinco minutos a dos horas y es el momento para llevarlo al hospital.

“Realmente no hay mucho que hacer cuando no se está en el hospital, pero lo que hay que evitar es que se lastime él o a otras personas; por ejemplo que caiga en un paso peatonal, de manera evidente hay que moverlo”, refirió.

Comentó que cuando se está cerca de un hospital o una ambulancia existen ventajas porque hay medicamentos que quitan el evento epiléptico, como el diasepan y mirasolán, que muchos rescatistas llevan consigo.

De acuerdo con las guías médicas, hay diversas maneras para tratar a estos pacientes. Por ejemplo, hay personas que desde hace cinco años no han presentado crisis. 

En este caso, los médicos optan por solicitar los estudios como electroencefalograma para determinar si el paciente no ha convulsionado en ese tiempo. De esa forma van eliminando gradualmente el medicamento.

“Si el paciente toma tres medicamentos pero no ha presentado crisis en cierto tiempo, después del estudio se determina si se le puede quitar uno, luego se le quita otro y hay pacientes que han dejado de tomar medicamentos, únicamente se va vigilando con el paso del tiempo”, apuntó Granados Puerto.

Expuso que existen medicinas que evitan que estas células empiecen a liberar impulsos o convulsiones, los que se utilizaban en décadas pasadas provocaban efectos secundarios, por ejemplo la Difenilhidantoina (DFH) y la Carbamazepina, que generan muchos cambios en el cuerpo, como el crecimiento de las encías y sangrados.

Sin embargo, con el paso del tiempo han salido muchos medicamentos con menos efectos secundarios y que funcionan mucho mejor.

En la infancia
  • Las crisis convulsivas son más frecuentes en la infancia (del nacimiento a los cinco años de edad), disminuyen en la niñez (cinco a 12 años de edad), además de ser aún menos comunes en los adolescentes y adultos, pero se llega a presentar un incremento de estos episodios en los ancianos.
  • José Antonio Gien López, neurólogo del IMSS, indicó que la manera ideal para diagnosticar la epilepsia es a través de análisis de glucosa en la sangre; así como pruebas para evaluar el funcionamiento renal y hepático; además de una electroencefalografía, que demuestra la presencia de ondas anormales.

Agrupación de apoyo

A cuatro años de haberse incorporado al Grupo de Aceptación de la Epilepsia (Gadep), la agrupación “Clavel y Amigos de Yucatán” está por constituirse en asociación civil con el objetivo de brindar más apoyos a los pacientes y familiares de personas con ese mal en el Estado. 

Luz Elena Reyes Calderón, coordinadora general de este grupo, que cuenta con unos 40 miembros, indicó que Gadep es el primer grupo a nivel nacional de apoyo a los epilépticos que se constituye desde hace 20 años y pertenece al Buró Internacional para la Epilepsia, que busca sacar de las sombras a los enfermos de ese mal.  

“En este momento nos estamos abriendo camino, ver que apoyo médico podemos tener sobre todo de neurólogos, realizar más pláticas, conferencias y buscar oportunidades de trabajo y capacitación para ellos con proyectos productivos con apoyo de sus familiares puedan tener un ingreso”, mencionó. 

Luz es madre de Clavelito que tiene 23 años y a los 15 años de edad comenzó con este trastorno en el que se le llegaron a presentar más de 70 convulsiones al día y desde entonces ha tenido que enfrentarse a problemas económicos para apoyar a su hija.

Paciente epiléptico

Se llama Rolando Castells Palma, tiene 40 años de edad, es contador público con maestría en finanzas, estudió inglés en Canadá y hace cinco años trabajó para diferentes despachos contables. Su más reciente empleo fue en la Ciudad de México, para una importante empresa multinacional británico-holandesa.

Y desde entonces, después de enfrentar sus primeras crisis de epilepsia, no tiene trabajo; se enfrenta al rechazo. Perdió su independencia, llegó a vivir a Mérida con su mamá pero no pierde el ímpetu de seguir adelante y, sobre todo, de dar a conocer este trastorno que como a él, le cambia la vida a muchas personas de un momento a otro. 

En sus recuerdos está presente que tenía 35 años cuando se le presentaron las primeras convulsiones y lo corrieron de su trabajo, muestra de que la epilepsia no tiene edad para hacer su aparición. Después de estos episodios presentó un ataque cada cuatro meses aproximadamente y fue en aumento hasta tener unas 20 convulsiones al mes.

Con las dificultades de no tener seguridad social al principio por falta de trabajo, no se encontraron las causas específicas de la enfermedad, pero se detectó que era una epilepsia de difícil control, por lo que no hay medicamento para tratarlo; la única alternativa era la cirugía.

Tras consultarlo con su mamá, Lizbeth Palma Medina, que desde el primer momento ha estado a su lado, decidió operarse. Le practicaron la cirugía y con el riesgo que implicaba se le presentó un infarto cerebral, por lo que perdió mucha sangre y la epilepsia no se curó.

Sufre crisis cada 15 días en menor grado, pero las secuelas de este proceso de varios años son la pérdida de la vista del lado izquierdo, la poca movilidad de ese lado del cuerpo y vejiga neurogénica. Con base en rehabilitación ha ido recuperando la movilidad y ya maneja la computadora, habla muy bien y puede caminar.

Rolando es el mayor de tres hijos y sólo quiere recuperar su vida, porque refiere que los conocimientos los tiene, que ya puede transportarse solo, pero ha solicitado trabajo y, tras conocer su problema, la respuesta es que no hay vacantes.

“Es muy difícil; cuando me corrieron por los primeros ataques que tuve no dibujaba bien el panorama, me hice la cirugía; se complicó, quedé en silla de ruedas, pero volví a caminar, ha sido un proceso largo, pero aquí estoy esperando una oportunidad, porque los conocimientos ahí están, estoy preparado, sólo quiero recuperar mi independencia”, señaló.

Por su parte, su mamá refiere que ver a su hijo retroceder ha sido complicado, pero verlo salir adelante y ahora que pretende acudir por él mismo a la Casa de la Cultura del DIF Mérida a clases de música, la inquietan porque quisiera estar en todo momento con él, porque no se sabe en qué momento tendrá una crisis. Empero, dijo que se siente orgullosa de que este padecimiento no le quita a Rolando las ganas de brillar.

En el caso de Rolando, sus crisis epilépticas no son con fuertes movimientos, como suele ocurrir, sino que la vista se le pierde y se queda en un estado de shock en el que lo deben dejar como está o semi acostarlo para que no se golpee, no meterle nada a la boca y esperar unos 30 minutos hasta que mejore.

Toma unas 15 pastillas al día para su control, un tratamiento de por vida, vida que enfrenta con fortaleza.

¿Qué hacer ante una crisis de un paciente con epilepsia?

Mantenga la calma y no se asuste

No sujete ni trate de reanimar a la persona; por lo general, ella recuperará la conciencia en pocos minutos. Aunque aparentemente no respire, no necesita respiración artificial. No intente sujetarlo para que no convulsione, sólo evite que se haga daño.

Evite que se haga daño

Aléjelo de objetos que puedan hacerle daño u ocasionarle peligro. Sujételo si le es posible, para evitar que se haga daño al caer e intente tumbarlo de lado en el suelo o en una superficie blanda (cama, sofá, etc.). Colóquele una almohada o algo blando debajo de la cabeza para evitar que se golpee.

Ayúdele a respirar

Intente despejar las vías respiratorias (nariz y boca) para ayudarle a respirar. Afloje el cuello de la camisa, corbata u otra prenda ajustada que pueda dificultarle la respiración. Una vez pasada la crisis, recuperará su ritmo respiratorio.

No interfiera en sus movimientos

Tome su cabeza y evite que se golpee. Puede ponerlo de costado para que respire mejor y pueda expulsar los vómitos, si los hubiera. No trate de abrirle la boca a la fuerza. Sólo conseguirá dañarle a él y a usted mismo. La mordedura de lengua ocurre en la primera fase de la crisis y es un daño menor, al que le ocasionaría al intentar abrir la mandíbula. No coloque pañuelos ni otros objetos entre sus dientes.

Observe todo lo que ocurre en la crisis

El elemento más útil para un adecuado diagnóstico de las crisis es un relato lo más detallado posible de todo lo que ocurre durante ellas. Esta información es más importante que cualquier prueba de diagnóstico que pueda efectuarse posteriormente. Recuerde que la crisis es autolimitada y es muy importante recordar las características de la misma para su correcto diagnóstico y tratamiento.

¿Qué no hacer?

No es necesario realizar respiración artificial

Los cambios de coloración de la piel se producen a causa de la reactividad de los vasos cutáneos. No hay riesgo de que el paciente se ahogue con su lengua. Los ruidos se deben a la falta de coordinación de la respiración y al aumento de secreciones. Al terminar la crisis recuperará su ritmo respiratorio normal.

No se debe sacudir o golpear al epiléptico

La crisis comienza y se inte-rrumpe de forma espontánea. Son autolimitadas.

No hay que ponerle alcohol en la frente

No hay razón para frotarle la frente con alcohol. Esta medida no tiene ninguna utilidad para controlar las crisis convulsivas, y en cambio se corre el riesgo de que se produzcan lesiones químicas si el alcohol entra en contacto con los ojos. No hay que echarle agua ni realizar otras medidas para despertarle. El paciente estará sin conciencia mientras dure la crisis y sólo se le puede perjudicar.

No  administrar medicamentos vía oral

El epiléptico está inconsciente, de modo que el mecanismo para tragar está falto de coordinación, por lo que se le puede provocar asfixia. Además, los medicamentos anticonvulsivos no hacen efecto inmediato. Los cambios en el control de las crisis se aprecian cuan-do los fármacos ya han llegado a la sangre en cantidades suficientes y tras siete días como mínimo de iniciar un tratamiento.

Pasada la crisis no se necesitan sedantes

Una vez que el epiléptico deja de convulsionar y está dormido, ya no son necesarios los sedantes. Los medicamentos que se usan para interrumpir las crisis son sedantes de acción corta (su efecto dura entre 20-40 minutos), por lo que una vez pasada la crisis no tienen utilidad. 

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