22 de Septiembre de 2018

Yucatán

Es hora de dejar agua para las ánimas

Hay una tradición sobre dar agua a las ánimas, que no sólo se realiza en Yucatán, sino en otros estados del país.

Desde el 25 de septiembre inició, como cada año en Yucatán, una tradición que consiste en dejar vasos llenos de agua a las ánimas. (Jorge Moreno/Milenio Novedades)
Desde el 25 de septiembre inició, como cada año en Yucatán, una tradición que consiste en dejar vasos llenos de agua a las ánimas. (Jorge Moreno/Milenio Novedades)
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Jorge Moreno/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos días comentábamos que los antiguos mayas contaban que las ánimas o personas fallecidas iniciaban su recorrido más de 30 días antes de las fechas de finados. Hoy hablaremos sobre el “agua” que necesitan tomar en su trayecto.

De acuerdo con esa tradición, desde estos días la gente debe dejar vasos llenos de agua en sus habitaciones o en la sala de sus casas, pues les servirá a las ánimas. Esto se debe hacer desde el 25 de septiembre, es decir desde poco más de un mes antes de las celebraciones de los fieles difuntos (1 y 2 de noviembre).

Al parecer, esta tradición no sólo se realiza en la cultura maya, ya que en otros estados del país también hablan sobre el agua que necesitan tomar los difuntos y no sólo en estas fechas, sino durante todo el año.

Al menos esa experiencia tuvo el lector Angel Rodríguez, quien nos envió una carta explicándonos su espeluznante experiencia: “Soy de la ciudad de Mérida, pero hace 25 años aproximadamente cuando tenía entre 10 y 12 años, vivía en la ciudad de Palenque, Chiapas; allí me sucedió algo muy extraordinario, inexplicable diría yo, que hasta la fecha me sigue erizando y al cual aun no encuentro explicación.

“Una noche en la que me encontraba solo, mis padres salieron y tuvieron la puntada de dejarme en casa bajo llave; en un inicio no me percaté de eso. Cuando ellos salieron estaba durmiendo, al despertarme, sólo atiné prender la tele y verla, lo cual me dispuse a hacer hasta que sucedió algo que nunca olvidaré.

“La casa era muy pequeña y había pocas cosas a mi alrededor, la tele era una Gold Star, de las viejitas, de las que se cambian con el clásico truc truc en la propia tele, (aún la tengo), no tengo claro cuánto tiempo transcurrió cuando escuché en la puerta un saludo de “buenas noches”, me di la vuelta y vi a través de la puerta, ya que esta era una estructura de metal que en ese tiempo no tenía cristales ni nada, por lo que podías ver lo que estaba del otro lado.

“En la puerta se encontraba un señor que en el recuerdo le calculo entre 50 y 55 años de edad, de manos toscas y de apariencia afligida, él preguntó por una persona que en ese momento no sabía de quien se trataba.  Le respondí que no tenía idea de quién era y que definitivamente no vivía esa persona allí.” (La que se suponía era mi casa).

La cosa hasta allí no tenía nada en particular o de singular, la persona me pidió un vaso de agua, el cual le dí de inmediato, fue en ese momento que me di cuenta que la puerta tenía llave y le tuve que dar el vaso de agua de ladito por una de las ventanas de la puerta. El señor tomó el agua, después se tapó la boca con la mano como sorprendido y de manera cordial se despidió.

A la llegada de mis papás, le comenté lo sucedido a mis papás, los cuales de manera sospechosa se vieron entre sí, cosa a la que no le di mayor importancia.

La otra aparición

Días después mis papás y yo paseábamos, y de pronto vi a una persona que tenía la misma apariencia que la persona que me había visitado días antes en mi casa. Pero ésta, a diferencia era joven y caminaba de forma erguida y con mayor vitalidad. Ellos se vieron y me contaron lo que estaba pasando.

Resulta que la persona por la que habían preguntado vivía en ese terreno antes de que mis papás hicieran la casa, él se había ahorcado en ese domicilio, y al parecer la persona que habíamos visto el día que salimos es hijo de ese señor. ¿Cómo explicamos el gran parecido?  Lo que mis papás y yo hemos platicado por muchos años es que don Humberto (así se llamaba la persona) había llegado a preguntar por sí mismo al domicilio que antes era suyo.

Por años se escucharon ruidos raros, pero nunca más vi a don Humberto, mis papás me creyeron porque tiempo después también escucharon una voz que daba las buenas noches y otros ruidos sin explicación; tiempo después retornamos a Mérida para vivir y hasta la fecha no me ha pasado nada paranormal, pero estoy súper seguro de lo que viví una experiencia real.

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