18 de Octubre de 2018

Yucatán

Fiestas clandestinas, un peligro para adolescentes

Recobran auge estos eventos donde se ofrecen a menores y adultos bebidas alcohólicas y varios tipos de drogas.

En las fiestas clandestinas denominadas 'perreos' se ofrecen tanto a hombres como a mujeres en edad escolar las “monas” por cinco pesos, las cuales son estopas de colores y sabores impregnadas con diferentes sustancias inhalables. (SIPSE)
En las fiestas clandestinas denominadas 'perreos' se ofrecen tanto a hombres como a mujeres en edad escolar las “monas” por cinco pesos, las cuales son estopas de colores y sabores impregnadas con diferentes sustancias inhalables. (SIPSE)
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Luis Fuente/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.-  Las fiestas clandestinas, denominadas así porque hay venta de alcohol y hasta drogas a menores de edad, se han convertido en un gran negocio para los organizadores que cuando menos obtienen 100 mil pesos por evento.

De acuerdo con las autoridades policiacas, este tipo de fiestas tuvieron un resurgimiento a partir de las proliferación de los llamados Smart Phone y las diversas plataformas digitales como Facebook y Whatsapp en los que se pueden crear grupos cerrados, en el que la admisión de nuevos integrantes queda sujeta a la aprobación de los administradores.

Sin embargo, tanto la Secretaría de Seguridad Pública como la Fiscalía General del Estado cuentan con unidades de Policía Cibernética que realizan “patrullajes virtuales” en las redes sociales y cuando detectan alguna situación que les haga sospechar de que se trata de una fiesta clandestina, entonces se envían patrullas para verificar de qué se trata el asunto, y, si hay delito que perseguir entonces proceden con los arrestos de los organizadores, quienes normalmente son mayores de edad.

En su mayoría son organizadas por asociaciones estudiantiles de preparatorias, universidades, incluso hasta secundarias de Mérida, aunque también ya se realizan en poblaciones del interior del estado.

El rastreo hecho por las autoridades policiacas en redes sociales indica que estos eventos se realizan en salas de fiestas, lo cual las convierte en legales, pero en muchos de sus anuncios se menciona que habrá “barras libre”, lo que demuestra que habrá venta de alcohol, es decir son negocios disfrazados de fiestas y esto es lo que se combate.

De acuerdo con especialistas, la denominación de fiesta clandestina no es porque esté prohibido, sino porque cobra la entrada a los asistentes y se venden bebidas embriagantes sin contar con los permisos correspondientes tanto del Ayuntamiento de Mérida como de la Secretaría de Salud.

Además el problema se agrava cuando la comercialización de las bebidas embriagantes es para estudiantes adolescentes, quienes precisamente es el grupo social en el que los organizadores de estas fiestas están focalizados.

A este tipo de eventos cuando menos suelen asistir 300 personas, a quienes en promedio se les cobra 200 pesos la entrada, por lo que solo en ese rubro los organizadores obtienen 60 mil pesos, pero a eso debe sumarse que las cervezas están a 20 pesos y el vaso de licor a 30  –para ser accesibles al presupuesto de los adolescentes- por lo que se obtendrían 100 mil pesos en ganancias, a los que se debe descontar el costo de inversión, que sería de unos 30 mil pesos,  entre bebidas embriagantes, música y alquiler del local.

Todo el año

De acuerdo con asistentes a estos eventos, las fiestas clandestinas  se realizan todo el año, pero se incrementan en las vacaciones de verano, Día de Muertos (Halloween), y en la temporada decembrina (en este último período el pretexto son las posadas y las despedidas del Año Viejo).

Estos eventos se realizan en salas de fiesta para los cuales las invitaciones se hacen por medio de grupos cerrados de Facebook y Whatsapp en el que sus integrantes son más bien estudiantes de secundaria y preparatoria  que van difundiendo la fecha y el costo para entrar. En estas generalmente se trata de un baile en el que hay venta de bebidas embriagantes.

Hay otras que se realizan en casas particulares, bodegas o quintas, en las que incluso se venden drogas a los adolescentes. Esto es porque para las autoridades policiacas es más difícil ingresar por aquello del respeto a la propiedad privada.

En estos casos, la Secretaría de Seguridad Pública solo puede intervenir si hay alguna queja de algún asistente o por vecinos debido al escándalo.

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