18 de Diciembre de 2017

Yucatán

Cuando el enojo y la ira afectan a los seres queridos

Elena afirma que no sabía controlar sus emociones y vivía en un mundo de constante de coraje y amargura; no podía sonreír...

Los hijos, víctimas colaterales de las personas con ira, angustia y amargura provocadas por la distimia. (Milenio Novedades)
Los hijos, víctimas colaterales de las personas con ira, angustia y amargura provocadas por la distimia. (Milenio Novedades)
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Coral Díaz Navedo/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Mami, mami, juegas conmigo… Mamá. -No. ¡Cállate, no grites, no chilles! (los golpes de la madre hacia el niño, el llanto, se desencadena el drama). No es un guión de telenovela, es el diálogo de una historia real, de una mujer que no sabía controlar sus emociones y vivía en un mundo de constante ira, angustia y amargura; de una persona que no podía sonreír...

Elena, como la llamaremos para guardar su anonimato, es un testimonio de lo que sufren las personas antes de reconocer que tienen un problema, un trastorno como la distimia, que los hunde y los afecta a ellos y a todos los que lo rodean.

Actualmente su historia dio un giro positivo, y no fue un milagro, sino las ganas de salir adelante y el encontrarse en su camino a gente como ella, personas en las que se reflejó y se decidió a intentar “sólo por hoy” su vida.

“Todo el tiempo estaba molesta, no quería salir con mis amigas, golpeaba a mis hijos, les gritaba, les decía insultos y todas esas emociones me incapacitaban, me encerraba. Sólo quería dormir, no deseaba saber nada. En otros momentos sentía compulsión por la limpieza y no paraba”, relató con notoria tristeza.

Precisó que después de buscar ayuda por todos lados, un día investigando en internet sobre las posibles soluciones para la ansiedad se encontró con la página del Movimiento Buena Voluntad de NA, que en primera instancia le despertó curiosidad y acudió.

Expresó que al llegar al grupo le generó un gran impacto ver que la gente reía, lo que hace mucho tiempo a ella no le ocurría.

Recordó que optó por quedarse al escuchar a esas personas que se sentían igual que ella y con la terapia superaron los obstáculos.

“Desde eso dejé de golpear a mis hijos, que es una de las partes más dolorosas; enfrenté el divorcio con el padre de mis hijos de una manera respetuosa, hice un cambio de trabajo y con apoyo en el grupo de NA puedo atender a mis hijos de una manera diferente”, expuso.

Señaló que cada día siente miedo al sufrimiento, busca respuestas al porqué le duele la cabeza, tiene afecciones del estómago, y el cómo empezó a padecer malestares físicos.

Asimismo, entendió el porqué se fugó una gran cantidad de veces en las drogas, en los medicamentos, con la limpieza, a veces durmiendo y en la internet; por esta situación no pudo terminar su carrera, no se superó, ni atendió a sus hijos como merecían, ya que no le gustaba su vida.

“En el grupo me enseñaron a vivir diferente, decimos que es como una escuela en donde desaprendemos cosas y las volvamos a aprender de una manera más sana; las relaciones van cambiando todo mediante un proceso, primero de aceptar que algo está mal en mí, luego de pedir apoyo en el grupo y de hablar de todo lo que sentimos sin temor a que nos juzguen”, señaló. 

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