24 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Cuaresma, don y compromiso'

Primer Domingo de Cuaresma. Gn 9, 8-15; Sal 24; 1 San Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

El arzobispo de Yucatán, Emilio Carlos Berlie, pidió  en esta Cuaresma 2015, vivirla con la fortaleza que engendra la esperanza de la Resurrección de Jesucristo Nuestro Señor. La imagen es de contexto. (imujer.com)
El arzobispo de Yucatán, Emilio Carlos Berlie, pidió en esta Cuaresma 2015, vivirla con la fortaleza que engendra la esperanza de la Resurrección de Jesucristo Nuestro Señor. La imagen es de contexto. (imujer.com)
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MÉRIDA, Yuc.- Introducción: Iniciamos la Cuaresma, tiempo fuerte del año litúrgico.

La presencia salvadora de Dios en las vicisitudes humanas nos alienta a la conversión. 
Dios nos ama a todos, y quiere que nosotros con decisión libre correspondamos generosamente a su amor; puesto que de Él es todo cuanto somos, hacemos y tenemos.

Y esta experiencia cuaresmal vamos a vivirla con la fortaleza que engendra la esperanza de la Resurrección de Jesucristo Nuestro Señor.

I.- Gn 9, 8-15

Hemos escuchado la lectura del Génesis, libro que nos presenta la mentalidad hebrea acerca de los orígenes de la creación y de la humanidad.

Los primeros once capítulos nos hablan de los orígenes de la creación y la historia humana, y del capítulo doce en adelante se habla de los orígenes históricos del pueblo hebreo.

Dentro de la primera parte la lectura de hoy, tiene relación con lo que conocemos como el “diluvio”. La narración cuenta que las aguas cubrieron toda la tierra y ahora han desaparecido; los que se salvaron en el arca, han salido de ella y Noé ofrece a Dios un sacrificio de acción de gracias.

Por primera vez aparece la palabra alianza, que se repite cinco veces para ratificarla; y ver en ella el compromiso de Dios hacia su pueblo, con toda la humanidad y con toda la creación, y ello se simboliza en el fenómeno de la naturaleza siempre hermoso del “arco iris”.

Dios da la oportunidad de salvarse a Noé, porque nunca se da por vencido, y siempre en medio del mal hay algo y alguien que salvar que servirá para contribuir a un mundo nuevo. 

Así es Dios, que salva a sus amigos aún en medio de las grandes y trágicas dificultades. 

Jesús hace en Mt 24,38 una alusión al diluvio para indicar el peligro que tenemos nosotros los hombres de vivir despreocupados por la eternidad.

Nos pone como ejemplo a Noé quien por su fe se preparó para la catástrofe, y puso de su esfuerzo personal, sin descuidar nada para salvar al mundo. 

El diluvio se ve como el grande bautismo de la humanidad que surge del agua purificadora y se hace nueva criatura, esta “humanidad recreada” puede establecer con Dios una alianza, que es la segunda de las cuatro propias de la narración sacerdotal: 

1ª con Adán
2ª con Noé
3ª con Abraham
4ª con Moisés

II.- 1 Pe 3, 18-22

San Pedro habla sobre la importancia y efectos del bautismo, y recomendaciones para vivir la vida cristiana. Una verdadera catequesis bautismal.

Los alienta a soportar las persecuciones como Jesús, “morir por otro”, morir para que otro tenga.

San Pedro, dice también que Jesús llevó al reino de los muertos la Buena Nueva del Evangelio y de su Resurrección. Lo que nosotros confesamos cada domingo en la profesión de fe: “Descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos”.

Lo central de éste párrafo es la alusión al bautismo. Y se vale de la comparación con el diluvio. “Aquella agua era figura del bautismo” (1 Pe 3, 20). 

En el diluvio se sepultó lo malo y lo viejo; y para nacer de nuevo se requiere el bautismo, que sepulta el pecado y el mal, para resucitar a una nueva vida que trae consigo el cambio de costumbres: “el compromiso de vivir con una nueva y buena conciencia ante Dios” (1 Pe 3, 22).

El bautismo cristiano no sólo purifica y limpia el pecado, sino que comunica una nueva vida, la vida de los hijos de Dios.

La nueva humanidad reconciliada nace del bautismo, vive en coherencia su fe, expresada en la rectitud de la conciencia a la luz del Evangelio. 

III.- Mc 1,12-15

Los tres Sinópticos nos hablan de las tentaciones de Jesús en el desierto, después del bautismo antes de iniciar la vida pública.

Según San Marcos los cuarenta días estuvo tentado por el demonio, en cambio San Mateo las tentaciones vinieron al final.

Se nos dice claramente que fue el Espíritu quien lo llevó al desierto, para mostrar su total obediencia a la voluntad del Padre.

Sufrió la tentación y salió victorioso. Tentación  es la instigación o impulso que una persona siente para hacer algo malo. Todos sufrimos tentaciones. El pecado está en “caer en la tentación”. 

La inclinación al pecado es la manifestación más clara de lo que dejó en nosotros el pecado original. Dios no permite que seamos tentados por encima  de nuestras propias fuerzas, por más intensa que sea la tentación siempre hay posibilidad de vencerla. 

Cuarenta días o cuarenta años expresan en la Escritura el tiempo de la prueba y del discernimiento. Proceso de discernimiento y maduración que el corazón de la persona ha de hacer para poder asumir una posición radical en favor del Señor. 

Cristo es el nuevo Adán, que vence allí donde el otro sucumbió en la tentación de Satanás. 

La fidelidad radical de Cristo inaugura la nueva humanidad, anunciada en el diluvio por eso puede anunciar: ¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio!

Conclusiones

1.    El movimiento Pascual, en relación con nosotros se obtiene por gracia. Cristo  resucita del sepulcro, y del sepulcro del agua bautismal surge el a los demás, particularmente a los que más están dolientes, marginados, oprimidos, enfermos, hombre nuevo. (Rm 6).

2.    La conversión es un cambio radical personal para adquirir la dimensión de la vida de Dios. El testimonio de su autenticidad se verifica en el trato que se da a las demás personas.

3.    La invitación a la conversión trae el recuerdo de las palabras del Cardenal Newman: “Es posible amar a medias, obedecer a medias, pero no es posible creer a medias, o se tiene la fe o no se tiene”. Esta fe es la que Jesús pide a todos nosotros sus discípulos.

4.    El Espíritu lo llevó al desierto, y por ello San Jerónimo hace estas preguntas: 

“Cuando nos dejamos llevar por la ira, cuando ofendemos a otro, cuando nos dejamos llevar por la tristeza mortal, cuando nuestros pensamientos son guiados por la carne, ¿Podemos pensar que el Espíritu permanezca en nosotros?

No podemos esperar que el Espíritu este en nosotros si odiamos al hermano, o si meditamos realizar una injusticia.

Cuando tenemos buenos pensamientos y realizamos buenas obras, entonces es signo de que habita en nosotros el Espíritu Santo”. San Jerónimo ( Coment. in Marc. 1-2).

5.    Nuestra vida en esta peregrinación  no puede estar ausente de pruebas, y nuestro progreso se realiza a través de la tentación. Ninguno se conoce a sí mismo si no es tentado, y ninguno puede ser coronado con el triunfo sin haber vencido, y no podrá vencer sin haber combatido”. San Agustín (Coment. in Mc 45, 1)

6.    Que el Señor nos conceda lo que pediremos en oración después de la comunión: “que este pan alimente en nosotros la fe, aumente la esperanza, refuerce la caridad y nos enseñe a sentir hambre de Cristo que es el pan vivo y verdadero y a vivir de toda palabra que proceda de su boca. Amén.”

Mérida, Yuc., 22 de febrero de 2015.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
 Arzobispo de Yucatán

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