20 de Octubre de 2018

Yucatán

'Don de fidelidad a Dios y a uno mismo engendra alegría, esperanza y paz'

Lecturas de hoy: Is 61, 1-2. 10-11; Salmo Lc 1; Tes 5, 16-24; S. Jn 1, 6-8. 19-28.

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SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Introducción.- Nos acercamos a la Navidad una de nuestras más hermosas fiestas.

Vamos a celebrarla con la alegría que brota del corazón purificado, pacificado, positivo, en compromiso y servicio a los demás, generando armonía y comunión.

Hemos inventado muchos trucos para fingir alegría: vino, comida, luces, tarjetas, adornos, esferas, bailes, etc. Pero solo hay una alegría verdadera y ésta es la que surge del corazón, y que al compartir la voluntad de Dios, es capaz de escuchar y recibir el gozoso anuncio: “Paz a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 14).

Este domingo es una invitación a la verdadera alegría.

I.- Is 61, 1-2. 10-11

De los once párrafos que tiene este capítulo, hemos leído dos del inicio y dos del final.

Este primero fue el que Jesús leyó en la Sinagoga de Nazareth:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”. Es una contemplación del bautismo de Jesús cinco siglos antes, y que coinciden con al Teofanía en el Jordán: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco escúchenlo” (Mt 3, 17. Mc 1, 11).

“Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren” porque los ‘satisfechos’ no hacen caso del Evangelio.

Para vendar los corazones desgarrados, que sufren por la injusticia, incomprensión, persecución y opresiones. “Proclamar amnistía a los cautivos”,  prisioneros del pecado. Con el sentido de liberación del mal del Evangelio.

“Proclamar el año de gracia del Señor”. Después de 49 años los judíos vivían un ‘año de gracia’ que comportaba: libertad a los esclavos, condonación de deudas, liberación de prisioneros.

Por ello viene la alegría como en la fiesta de bodas o como delante de una buena cosecha. Navidad debe ser transformación del corazón, y no tan solo disfrutar, vacaciones, regalos y aguinaldo.

En el Salmo responsorial se nos pone el pasaje de san Lucas 1, canto de alegría, gratitud y alabanza de María: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios…”. “Desde ahora dichosa me llamarán todas las generaciones.

II.- 1 Tes 5, 16-24

Concluyendo su carta envía esta recomendación el apóstol Pablo: “Estad siempre alegres”, como testimonio de esa pacificación y armonía interior; que será un cuestionamiento al mundo pagano.

“Sed constantes en la oración”, tanto la litúrgica -comunitaria- particularmente la dominical, como la personal.

Podemos hacer oración de: Petición o acción de gracias; las dos son buenas y útiles; pero el apóstol en esta última para sacarnos del egoísmo y hacer constante referencia a Aquel de quien todo y todos dependemos y al mismo tiempo que nos recomienda alentar todo lo bueno, nos aconseja el discernimiento: saber distinguir el bien del mal, y lo adecuado, oportuno y conveniente, siempre pidiendo con humildad ser guiados por la acción del Espíritu Santo. Conservando al final esa paz interior signo y fruto de la fidelidad en el amor de Dios.

II.- S. Jn 1, 6-8. 19.18

Hemos escuchado el inicio del Evangelio de San Juan. Este apóstol escribe su Evangelio por último, al ver que en los otros Evangelios había algunas experiencias de Jesús que no se habían consignado: “Para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre (San Juan 20,30).

Antes de ser discípulo de Jesús lo había sido de san Juan Bautista. Cuando escribe han pasado ya 60 años de la muerte de aquello y tiende a dejar muy clara su identidad: “Había un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan… no era la luz, sino testigo de la luz (S. Jn 1.8), y así lo afirma: “Yo no soy el Mesías” (S. Jn 1. 20).

Le preguntan; “¿Eres tú Elías?”. “En el libro de Malaquías se lee el día grande y terrible del Señor” (Mal 3, 33).

En la cultura religiosa hebrea Elías ocupaba un puesto central como precursor del Mesías.

En la aparición del ángel a Zacarías le dice: “El niño que va a nacer caminará delante con el Espíritu y la fuerza de Elías” (Lc 1, 17).

Y en la transfiguración uno de los personajes que estaba con Jesús era el profeta Elías. (S.Mc 9,4). El rito de inmersión, era conocido como ritual de purificación “¿Entonces por que bautizas…?”.

Las cuatro características que le imprime el Bautista son:

• Crea una exigencia de purificación moral.

• Sirve para introducir en el grupo de los que profesan una espera activa del Mesías;

• el cual ha de bautizar con el Espíritu Santo.

Tanto el Domingo segundo como éste tercero, se nos presenta el ejemplo, prototipo del Adviento, de Juan el Bautista. Tres consecuencias son muy aleccionadoras.

San Juan Bautista:

• Descubrió su vocación y la vivió con gran coherencia y autenticidad.

• Fue fiel a su vocación, incluso hasta el sacrificio de su propia vida.

• No se dejó llevar por la tentación de la vanidad, orientó a todos hacia Cristo.

Conclusiones

1. Dios tiene que ser nuestra dicha y nuestro gozo, “yo tengo mi gozo en Yahvé”. (Ps 104.34) y como exclamaba San Francisco de Asís: “Mi Dios y mi todo”.

2. El gozo de la salvación que trae Jesús, es anunciado a los humildes (Magnificat). Y el gozo del Espíritu es fruto de la cruz, -por la pasión a la Resurrección-, los apóstoles “se marcharon contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes en su nombre”. (Hech 5,419).

3. “No debemos ser tan solo termómetro del ambiente en el que vivimos, sino termostato que calienta al mundo frío, y da calor a la opaca sociedad que nos rodea”. (Martín Luther King).

4. Nadie se considere excluido de la alegría de la Navidad, pues el motivo de este gozo es común para todos. Nuestro Señor, en efecto vencedor del pecado y de la muerte así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese pues el justo, porque se acerca su recompensa, regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano porque es llamado a la vida” (San León Magno, Sermón 1 – Natividad del Señor).

5. Podemos concluir con la hermosa plegaria de Don Helder Cámara:

“Haz de mi Señor un arco iris de bien, esperanza y de paz. Arco iris que nunca vaya a anunciar engañosa bondad, vanas esperanzas o falsa paz.

Arco iris encargado por ti de anunciar que jamás fallará tu amor de Padre, la muerte de Tu Hijo, la maravillosa acción de Tu Espíritu, ¡Oh Señor!”

6. Que nuestra auténtica vida como católicos, nuestro comportamiento personal y nuestro compromiso social, nos hagan colaborar siempre con la acción del Espíritu sabiendo discernir, para elegir siempre lo bueno.

7. Terminamos con la oración colecta:

“Concédenos celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría”. Amén.

Mérida, Yuc., 14 de diciembre de 2014

† Emilio Carlos BerlieBelaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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