13 de Diciembre de 2018

Yucatán

Homilía: La vitalidad de Cristo, palabra del Padre

El Evangelio no deberá ser ni ideología de liberación ni de dominación, sino fuerza dinámica interior de promoción integral de la persona.

Cristo es la 'buena noticia', que culmina en la pascua de transformación radical del ser humano. (SIPSE)
Cristo es la 'buena noticia', que culmina en la pascua de transformación radical del ser humano. (SIPSE)
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MÉRIDA, Yuc.- III Domingo del Tiempo Ordinario

Neh 8,2-4.5-6.8-10: Salmo 18; 1Cor 12, 12-30; Lc 1,1-4; 4,14-21

I.- Introducción

La Palabra de Dios que se proclama al pueblo es el contenido esencial de la liturgia de hoy.


Esdras reorganiza la comunidad hebrea y la reúne en torno a la lectura en asamblea de la Ley. (1ª. Lectura)

En el Evangelio, Jesús inicia su actividad pública leyendo y comentando al profeta Isaías, que habla del Mesías que anuncia el año de gracia del Señor.

Se anuncia que la Palabra de Dios ha tomado presencia y cuerpo en Cristo y se aplica a los “dones del Espíritu” que Él concede a la comunidad de los creyentes. (2ª. Lectura).

La liturgia nos presenta la importancia de escuchar la Palabra, en dos fases esenciales de la historia de la salvación.

Nehemías inicia el camino de las asambleas que se hará habitual en la Sinagoga, el Evangelio lo presenta personificado en Cristo, que es la Palabra y que tiene la capacidad de conducir este camino a su última realización convocando a todos los que son hombres y mujeres de buena voluntad.

II.- La Asamblea de Nehemías.

 

El pueblo de Dios debe su existencia a la Palabra de Dios, una Palabra que crea, que le da significado a todo, que hace vivir, crecer, y fecunda el corazón como la lluvia la tierra (Is. 55,10).

Todo el andamiaje de la vida de Israel gira sobre la Palabra de Dios, lo que quiere decir que Dios está cercano y actúa a favor de su pueblo.
“El hombre vive de lo que viene de la boca del Señor” (Dt. 8,3).

En los momentos más trágicos de la historia, el pueblo de Israel encuentra la salvación en la Palabra.

Los fracasos políticos y las calamidades sociales se interpretan como un castigo por haberla traicionado: “Ellos no escucharon tu voz, por ello les has enviado todas estas pruebas” (Jer. 32,23).

El Israelita se sentía dependiente, como vocación y destino, de esta Palabra, por ello su plegaria cotidiana comienza diciendo: “¡Escucha Israel!” (Dt. 6,4-9).

El pueblo descubre así, en los siete días consecutivos que los reúne Esdras, una renovada conciencia religiosa y política. Conduciéndolo a redescubrir las raíces de su relación con Yahvé. El pueblo llora, así al contemplar la propia vida viendo lo que podría haber sido en la fidelidad y las causas y motivos de sus infidelidades. Que es lo que cada uno debemos hacer.

III.- La Asamblea de la sinagoga de Nazareth.

Es la tercera vez que San Lucas menciona al Espíritu:

+ En 3,22 dice que “descendió” sobre Jesús.

+ En 4,1 dice que Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu.

+ En 4,14 dice que el Espíritu se manifiesta en el poder de la Palabra.

Tres verbos significativos: desciende, conduce, se manifiesta.

El acontecimiento se da dentro de la celebración ordinaria del sábado hebreo, en la sinagoga donde se lee semanalmente la palabra de Dios, donde Jesús toma la palabra como es consentido hacerlo a un adulto; se sabe que cada vez se continúa la lectura ahí donde terminó la semana anterior, siguiendo los propios ritmos de cada asamblea.

La Palabra misma, que se “ha hecho carne”, hace que su anuncio ya no sea profético sino revelador. Termina así el tiempo de las palabras, promesas, esperas y ahora se inicia la realización.

Lo prometido se cumple, lo dicho se vuelve actualidad. Con la presencia y explicación de Jesús se pasa la página de la historia, ya no se necesitan los “maestros” -“Uno sólo es vuestro maestro…”-, ni de profetas, ni de intermediarios: “En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo…” (Heb. 1,1).

La cátedra de Nazareth es un Sinaí a la inversa. Allá fue dada la Palabra de la Ley; aquí viene evidenciada porque la Palabra se hace carne en Jesucristo.

IV.- El hoy de la liberación Jesús, guiado por el Espíritu llega al momento justo, en el tiempo justo, y con el texto justo.

Para San Mateo el segundo Sinaí es el Monte de las Bienaventuranzas; para San Lucas, es la Sinagoga de Nazareth. Jesús lo confirma: “¡Hoy se cumple!”.

Hoy se lleva a cabo el punto de la madurez de los tiempos, profetizado en Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc. 4.18).

Aquí se habla de pobres, prisioneros, ciegos, oprimidos. Son cuatro imágenes que resumen bien la miseria de los seres humanos de todos los tiempos. Cristo viene a liberar desde el interior.

Cristo es el hoy de este momento de gracia y liberación. Él es la “buena noticia”, que culmina en la pascua de transformación radical del ser humano.

La vida de cada uno es una promesa, un proyecto, una esperanza, de lo más bello, grande y noble que se pueda llevar a cabo para la humanidad.

Cuando lo llevamos a cabo, es testimoniar que el “hoy” de Dios, realiza en mí su cumplimiento.

Sólo en la medida de que cada uno sea un hombre libre en su interior y portador de liberación para los demás, haremos realidad el “Tiempo de gracia” –de Isaías- y que vivimos en el Espíritu, para ser colaboradores del Reino de Cristo, que llevamos en el corazón, que comunicamos de palabra y testimonio, y con ello hacemos que crezca y se consolide.

V.- Conclusiones.

1. El Evangelio no deberá ser ni ideología de liberación, ni ideología de dominación. Sino fuerza dinámica interior de promoción integral de la persona, bajo la acción del Espíritu, en la riqueza y variedad de carismas, interdependientes y complementarios. (2ª. Lectura)

2. Debemos liberarnos del círculo sofocante y esterilizador del egoísmo; la primera “super estructura” que tenemos que vencer, es la de nuestro “yo” acaparador y prevalecedor.

3. Si no se inicia con el propio “yo”, la sociedad permisiva se vuelve una sociedad “impositiva”, “represiva” y “regresiva”.

4. Parece una paradoja la libertad cristiana: es un don del Espíritu, pero al mismo tiempo una respuesta libre y una conquista esforzada.

5. Hay tantos ídolos actuales, con pies de barro en sus principios e ideales. Son esclavos de sus pasiones, poder, dinero, y egoísmo; y hablan de la libertad para los demás y de la solicitud hacia los otros. ¿Cómo se puede anhelar lo que no se posee? No es más bien una instrumentalización de los otros, denominados “pueblo”, como trampolín de los propios intereses…?

6. Cuando celebramos la Eucaristía realizamos el “hoy” de Jesús, para que guiados por el Espíritu, nosotros también vayamos a cumplir la voluntad del Padre, en la oblación de cada día y en la liberación personal y de nuestros hermanos.

7. El conocimiento de la Palabra, es liberación. Por ello las dictaduras prohíben la difusión de la Biblia.

El ignorante puede ser virtuoso. Pero la ignorancia no es virtud. Con frecuencia “la ignorancia es hija de la pereza”, como dice San Juan Crisóstomo (“Catena Aurea” v.3º. pag. 78), y el Cardenal Newman afirmó: “cualquier joven bien instruido en el Catecismo, es sin pretenderlo, un auténtico misionero”. (3 Oct. 1873).

8. Celebrando la “Semana de la Unidad”, nuestra oración sea para pedir por todos aquéllos que profesando la fe en Cristo Jesús, deseamos de palabra y de obra caminar con decisión y humildad, el sendero de la plenitud en la comunión –gracia del Espíritu-, y que encomendamos a María nuestra Madre.

Siempre será realidad: “que la armonía de los hermanos es melodía a los oídos de Dios”. S.Ireneo.

Amén.

Mérida, Yuc., a 27 de enero de 2013.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
  Arzobispo de Yucatán

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