21 de Enero de 2018

Yucatán

Yucatán: Lo que el viento se llevó (2)

El horizonte de Mérida se ha transformado de manera negativa gracias a gobernadores, alcaldes o empresarios; aquí hay tres ejemplos de ello.

En los ochentas la casa de don Sixto Garcia fue demolida. (Sergio Grosjean/SIPSE)
En los ochentas la casa de don Sixto Garcia fue demolida. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- La semana pasada comentamos que si realizamos una mirada retrospectiva a Yucatán, desde la óptica estética, nos resulta evidente que el horizonte se ha transformado de manera  negativa y los artífices de tal efecto han sido gobernadores, alcaldes o empresarios. Y es por eso que ofreceremos un ejemplo de cada uno de ellos para hacer antesala de algunos escándalos que, posteriormente, citaremos. 

Gobernador que destruyó por odio  

En el año de 1915 llegó al poder del estado el General Salvador Alvarado Rubio, quien sobresalió al darle destacado impulso a la educación en Yucatán, pero en contraparte, que es el tema en cuestión, derivado de su postura anticlerical, muchas de sus acciones estuvieron encaminadas a mermarle poder a la iglesia católica y, para ello, decretó cerrar templos católicos y expulsar religiosos, al tiempo que ordenó saquearlos, incluyendo la Catedral que fue brutalmente desvalijada la noche del 24 de septiembre de 1915, cuando una turba de bárbaros echó por tierra la puerta destruyendo todas sus imágenes y retablos, siendo que con esa acción se perdieron tesoros culturales.

Aunado a ello, en 1916 ordenó que se demoliera la sacristía y la capilla de San José a fin de separar la Catedral de la sede del Palacio Episcopal -actual Museo de Arte Contemporáneo- y establecer el "Pasaje de la Revolución". Un caso emblemático de aquel período fue la expropiación de la iglesia conocida como “Dulce Nombre de Jesús” o “Jesús María” que se ubicaba en la calle 59 entre 62 y 64. El militar, siendo presumiblemente masón, ordenó la transformación de este templo católico en masónico. Esta obra se la confió al arquitecto Manuel Amábilis, quien demolió sus sobrias torres, sepultó bellos frescos que ornamentaban la bóveda de cañón corrido y transformó esta bella iglesia colonial en el posiblemente primer edificio de estilo “Neomaya”.

Años más tarde fue destruido con la supuesta intensión de construir un teatro y del cual no se puso siquiera la primera piedra. Por cierto, si alguien posee alguna foto de este edificio cuando su estructura era de templo católico ofrezco una recompensa de 2 mil pesos por cada una de ellas (además de una invitación de “aguas fuertes” en sitio por convenir), ya que la requerimos para un libro que, en breve, publicaremos.

Alcalde demuele por ignorancia 

El alcalde Efraín Ceballos Gutiérrez, quién en el año de 1974, luego de basarse en un supuesto estudio, a mazo y pico ordenó demoler el edificio llamado “El Olimpo”, construido alrededor del siglo XVIII, que luego de varias remodelaciones hechas por sus diversos propietarios -que allá habitaban-, en los albores del siglo XX el uso del edificio se tornó eminentemente comercial y es precisamente, en esa época, cuando surge el restaurante “El Olimpo” -que realmente también era restaurante, café y cantina, ya que su propietario José González anunciaba: lunch, desayunos, refresco y cerveza en vaso-; negocio que por asociación le heredó el nombre al edificio.

Fue una verdadera lástima tal demolición, ya que además de ser bello, portaba elegantemente diversos estilos arquitectónicos que testificaban su transformación y, siendo objetivos, no era necesario destruirlo ya que indudablemente podía restaurarse. 

Empresarios arrasan por negocio 

Dos empresarios, de manera despiadada, destruyeron una de las casas más bellas que Mérida haya visto a lo largo de su historia. El edificio fue demolido en los ochenta para transformarse en un antiestético estacionamiento y a esta situación le acuñaría: un cráter en el rostro del Centro Histórico de Mérida. La casa del hacendado don Sixto García, ubicada contraesquina de la iglesia conocida como Monjas, en el cruzamiento de las calles 64 por 63, competía en belleza con la propiedad más suntuosa que podamos imaginar, y fue precisamente en esa edificación donde se alojó el presidente Porfirio Díaz en su histórico viaje a Yucatán. ¡Por los chones anticristeros de Salvador Alvarado! Esta historia continuará.

Correo: [email protected] y twitter:  @sergiogrosjean

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