12 de Diciembre de 2017

Yucatán

Amigas que comparten amor y vocación por el desprotegido

Isolina Laviada Molina de Juanes y Patricia Juanes Cámara de Walker dirigen Patronato del Albergue de San Vicente de Paul y Buena Voluntad.

Isolina Laviada Molina de Juanes y Patricia Juanes Cámara de Walker acompañadas de las niñas pertenecientes a los albergues que atienden. (Milenio Novedades)
Isolina Laviada Molina de Juanes y Patricia Juanes Cámara de Walker acompañadas de las niñas pertenecientes a los albergues que atienden. (Milenio Novedades)
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Cecilia Ricárdez/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Isolina Laviada Molina de Juanes y Patricia Juanes Cámara de Walker comparten además de una amistad de toda la vida, la vocación de servicio, que comenzó por inspiración de su tía sor Beatriz Laviada.

La invitación de la religiosa las inició en las actividades altruistas hace 20 años, sin saber que sembraría el proyecto de vida de ambas, quienes tomaron el compromiso y hoy están frente del patronato que dirige el Albergue de San Vicente de Paul y Buena Voluntad, dirigido a personas de escasos recursos con familiares ingresados en hospitales de Mérida, O’Horán y Hospital Regional de Alta Especialidad, respectivamente.

Además  manejan el bazar La Buena Voluntad, gestionan apoyos con instituciones y empresas socialmente responsables y coordinan eventos a beneficio de la organización.

“…La pobreza es terrible, pero a pesar de todo puedes sobrevivir en ignorancia y con carencias, pero si a eso se suma la enfermedad viene la desesperación, más cuando se tiene la limitación de sólo hablar maya... cómo no ayudar”, argumentan ambas voluntarias, que invitan a la sociedad a observar sus perfiles y abrir sus corazones para no perder la oportunidad de ayudar. 

Cadena de valores

Su camino en el servicio lo aprendieron en casa, con una familia generosa que les inculcó el valor del agradecimiento y de compartir las bendiciones con los que menos tienen. 

“Empezamos hace 20 años, esto por una tía que es Hermana de la Caridad de la orden de las vicentinas. Ella vive en Mérida en el Albergue Temporal San Vicente de Paul y nos llamaba cuando tenía un problema de fondos para comprar medicamentos o para pagar la luz, y nos pedía ayuda a las sobrinas. 

"Entonces comenzamos a organizar eventos, funciones de cine, obras de teatro a beneficio, pero al cabo del segundo evento, las amigas ya no nos querían ver, porque siempre les vendíamos boletos. Entonces para resolver el tema de los recursos se nos ocurrió hacer un bazar en el que vendemos prendas que nos regalan, pero que están en buen estado. Es una cadena de valores, porque nos donan, nos compran y todo se va a los gastos de operación de los dos albergues”, recordó Patricia Juanes.

Sonriendo por los recuerdos, comentaron que a pesar de las actividades que emprendían para ayudar tenían miedo al compromiso, pero la misión parecía predestinada. Sor Beatríz les contó que el patronato existente era de gente mayor, incluso algunos ya habían fallecido, y necesitaban sangre nueva que renovara la causa y la llevara a un siguiente nivel.

“Nosotras ya estábamos involucradas, aunque al principio no queríamos porque teníamos hijos chicos, pero con el carisma de la tía nos fuimos enamorando de la obra, y fue cuando poco a poco entramos para quedarnos. 

"El Albergue de San Vicente tiene más de 40 años funcionando y sin darnos cuenta, y luego la unión de circunstancias nos llevaron a apoyar también al Albergue de la Buena Voluntad, porque cuando construyeron el Hospital Regional de Alta Especialidad comenzó a surgir un problema: los familiares de los enfermos, personas de bajos ingresos, no podían acceder fácilmente a los servicios que se ofrecían a los alrededores de la institución, porque eran muy costosos por su ubicación en la ciudad”, recordó Isolina.

Apuntaron que el terreno de Buena Voluntad siempre se destinó a una causa noble, pero problemas burocráticos el proyecto se detuvo y no se terminó, no obstante con la insistencia y la lucha de ambas y de su tía, se recuperó el camino y se construyó el albergue, que funciona desde hace un año.

“Brindamos apoyo a personas que tienen carencias y que además tienen un familiar enfermo y necesitan un lugar dónde comer, dormir y lavar su ropa”, agregó Patricia. 

Reciben más de lo que comparten

Como dueto, ambas repiten que como por arte de magia la mano de Providencia siempre está presente en cada paso del trabajo que beneficia a miles de personas cada año.

“Tenemos una profunda admiración por las Hermanas de la Caridad, la congregación del O’Horán, que se dedican en cuerpo y alma a las personas que lo necesitan"

“La vida nos da mucho, nos sentímos con el compromiso de ayudar. Al principio fue difícil porque teníamos hijos chicos, pero es de gran ayuda que el patronato lo formamos matrimonios. Somos siete parejas y todos conocen lo que hacemos, así que nuestra ausencia en casa por trabajo, la familia la comprende y vamos equilibrando el tiempo para que sea de calidad. El servicio nos enriquece la vida y el espíritu”, subrayó Patricia.

Al tiempo que Isolina agrega: “Tenemos una profunda admiración por las Hermanas de la Caridad, la congregación del O’Horán, que se dedican en cuerpo y alma a las personas que lo necesitan, y cómo no apoyarlos en su causa, en una obra tan sensible. 

"Comenzamos primero procurando fondos y ahora en otras áreas, viendo a los beneficiarios con ese amor con el que los ven las Hijas de la Caridad. Además  tenemos otra congregación, las Hijas de la Inmaculada Concepción, que están en el albergue de Buena Voluntad, que apoyan con mucha dedicación. Nuestro trabajo se inspira cada día por la admiración a la bondad de las hermanas, testimonio vivo de la misericordia”.

Retos con ayuda del cielo

Las necesidades en un albergue son continuas, constantes, sin fin y la ayuda siempre es bien recibida, por lo que ambas procuran fondos desde diferentes fuentes, con el reto de lograr que esta gran maquinaria de generosidad siga funcionando y beneficiando a las familias.

“Siempre podemos palpar la gracia de Dios y es increíble, nos hemos topado con mil y un casos de vivencias increíbles que parecen irreales y que pasan, como milagros inesperados”, apuntó Patricia. 

En promedio se sirven 140 comidas diarias en el Albergue de San Vicente de Paul y 70 en el de Buena Voluntad, cifras que se sostienen por la necesidad y se resuelven por la solidaridad.

Para no detener la labor, activaron un proyecto titulado “Entre amigos”, un programa de donativos que se cargan a la tarjeta de crédito cada mes, con el monto que el bienechor decida. 

Reciben donaciones de la sociedad yucateca, despensas del Ayuntamiento, ingresos por la renta de dos negocios de conveniencia en los terrenos de los dos locales, una renta fija que ayuda a solventar los gastos, evento sociales y la aplicación a programas de redondeos de empresas socialmente responsables. 

“Nosotros queremos que la gente comprenda que los redondeos no son malos, porque muchos tienen sus dudas, pero desde nuestra experiencia podemos decir que son reales y transparentes, nos ayudan mucho porque nos aportan un monto que no se reúne fácilmente en una cena a beneficio, por ejemplo”, agregó Isolina.

No hay que evitar la oportunidad de ayudar

“Siempre hay algo en lo que podemos ayudar, lo importante es estar abiertos a las necesidades de los demás, si estamos bendecidos con todo debemos compartir bendiciones. Nunca es poco lo que hagamos, lo que nos aporten es valioso, si no pueden dar el tiempo, un detalle”, apunta Isolina. 

Perfiles

  • Isolina Laviada Molina de Juanes nació el 31 de agosto de 1963.
  • Patricia Juanes Cámara de Walker nació el 15 de febrero de 1969.
  • Las instituciones que dirigen son instituciones donatarias.
  • El Albergue Buena Voluntad recibió un reconocimiento de los directivos del Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAE).
  • Dunosusa, empresa socialmente responsable, les donará el redondeo del mes de septiembre.
  • La construcción del Albergue de la Buena Voluntad está al 80 por ciento, el edificio crecerá el próximo  año.
  • La bendición de este proyecto estuvo a cargo del arzobispo de Yucatán Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y el sacerdote Jorge Laviada Molina (q.e.p.d.).
  • Desde hace 10 años operan el bazar La Buena Voluntad, ubicado en la calle 17 número 130, entre 26 y 28, de la colonia México.

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