24 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Ser testigos fieles del amor de Dios en el mundo'

Hoy se celebra la “Presentación de El Señor”. En el marco del “Año de la Vida Consagrada”.

Hoy que se celebra la 'Jornada de la Vida Consagrada', escuchemos hermanos y hermanas  consagrados de nuevo el llamado a reavivar el Don que recibieron el día de su consagración, pidió el Arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán. (Archivo/SIPSE)
Hoy que se celebra la 'Jornada de la Vida Consagrada', escuchemos hermanos y hermanas consagrados de nuevo el llamado a reavivar el Don que recibieron el día de su consagración, pidió el Arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán. (Archivo/SIPSE)
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SIPSE.com
MÉRIDA, Yuc.-  El arzobispo de Yucatán, Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, exhortó a las integrantes de la Iglesia Católica de Yucatán a consolidarse en el apostolado, en el marcao de la celebración de la Vida Consagrada. 

En un comunicado dirigido a los medios de información, el jerarca de la Iglesia de Yucatán dijo que la vida consagrada es fiel testimonio del amor de Dios.

Aquí presentamos el texto íntegro del comunicado: "Muy queridas consagradas y queridos consagrados, miembros de los Institutos de la Vida Consagrada y Sociedades Apostólicas, y muy queridos hermanos todos en el Señor: 

Agradecemos a Dios, Nuestro Señor, el Don de la vocación a la Vida Consagrada en la Iglesia: “Testimonio Fiel del Amor a Dios”.

San Pablo en su primera carta a los Corintios nos recuerda:

“Yo les quisiera libres de preocupaciones. El hombre soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle… y las solteras se preocupan de las cosas del Señor y se pueden dedicar a él en cuerpo y alma" (ICor7,32 y 34).

Pablo hace un elogio de la virginidad cristiana, separándola así de la mentalidad laxista que imperaba en la metrópoli de Corinto.

El sentido de este texto nos recuerda que: ni el estado conyugal ni el estado virginal constituyen por sí mismos la perfección, son medios idóneos, aunque a niveles distintos, de vivir nuestra vocación a la eternidad ya en este mundo.

Ahora bien, la virginidad voluntaria por motivos religiosos es una entrega total al Señor que, de una forma más explícita, manifiesta la dimensión eclesiológica de la vida del creyente.

La profecía y la virginidad por amor, son por lo tanto, dos cualidades del creyente, cómo lo eran para Jesús.

Lo son no tanto porque expresan un determinado estado de vida, sino porque hacen brillar la total radicalidad de la verdad y del amor evangélico.

Grande es, en verdad, la Vida Consagrada en la Iglesia. Ese particular género de vida, o mejor, en especial “estilo de vida”, como lo expresa Pablo en su carta a los Corintios, y que el Hijo de Dios escogió al venir al mundo para cumplir la voluntad del Padre y dejó como propuesta a los discípulos que quisieran seguirle.

Estilo de vida que se hace memoria viviente del modo de existir y actuar de Jesús como verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos. Estilo de vida que tiene su centro y fuente en la particular comunión de Amor con Jesús, en la intimidad con Él que  lleva a la progresiva identificación con Él, hasta asumir sus sentimientos, su manera de pensar, de discernir, de decidir y de actuar.

Vida afianzada en Cristo, conducida por su voz y sostenida por su gracia para darse sin reservas a Dios y a los hermanos. Esto es dejar todo para “ser propiedad exclusiva de Dios”.

Seguir a Cristo, así como Pablo lo propone en la carta a los Corintios: “Yo les quisiera libres de preocupaciones”, es el principio de toda vocación, la libertad, para vivir el encuentro con el“primer amor”, el destello inspirador que da origen a todo el seguimiento.

Porque si amamos es porque Él nos ha amado primero (IJn4,10,19) y es esta la razón por la que el consagrado se convierte en un “fiel testigo de su amor en el mundo”.

Al celebrar esta “Jornada de la Vida Consagrada”, escuchemos hermanos y hermanas  consagrados de nuevo el llamado a reavivar el Don que recibieron el día de su consagración. ”Pongan sus ojos en el futuro, hacia donde el Espíritu los impulsa para seguir haciendo de ustedes grandes cosas” (Vita Consacrata n.110).

No podemos olvidar lo que el Santo Padre Francisco nos ha propuesto para este “Año de la Vida Consagrada”: Mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza (A todos los consagrados nos. 1,2,y 3).

Mirar el pasado con gratitud. Es tomar conciencia de cómo se ha vivido el llamado y el carisma de tu vida consagrada a través del tiempo. Tu creatividad, la manera de afrontar las crisis y dificultades, la propia fragilidad humana, descubriendo a lo largo de este camino, el amor misericordioso que Dios ha tenido para contigo. ¿Cuánto te ha amado? ¿Verdad?

Vivir el presente con pasión. Durante este camino de la vida consagrada, ¿Te has ido haciendo experto cada día más en la vivencia de la comunión en la Iglesia y con tus hermanos de comunidad y  congregación? ¿Testigo de aquél proyecto común de Jesús? “Que todos sean uno, como yo y tu Padre, allí donde ha habido diferencias y tensiones. ¿He sido siempre un signo creíble de la presencia del Espíritu Santo que infunde en los  corazones “la pasión de que todos sean uno”? (Jn17,21).

Abrazar el futuro con gratitud. A lo largo de este “camino de consagración”, hay que afrontar las dificultades que normalmente se nos presentan en la vida con la  esperanza de un futuro mejor. Hoy la Iglesia, el mundo, la sociedad, las familias, etc. Necesitamos tú entrega generosa y tú entusiasmo, tu “Testimonio alegre de vivir el evangelio”. Una respuesta más adecuada al testimonio de tu vida.

Una vocación que llama a la Esperanza, fruto de la fe en el Señor de la Historia, que sigue repitiendo: “No tengas miedo, yo estoy contigo” (Jn1,8).

Muy queridos consagrados y consagradas, les encomiendo a María, la Virgen de la escucha y la contemplación, la primera discípula de su amado Hijo en esta fiesta de la Presentación del Señor.

A ella, como hija predilecta del Padre y revestida de todos los dones de la gracia, nos dirigimos a ella como modelo incomparable de seguimiento en el amor a Dios y servicios al prójimo. Amén.

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