24 de Septiembre de 2018

Yucatán

La Ciudadela de San Benito (12)

Se trata de un caso único en la América hispana en cuanto a la convivencia de dos grupos tan disímiles como eran los religiosos y militares.

Amplia maqueta de La Ciudadela de San Benito, por donde están ahora los mercados municipales y que en tiempos ya lejanos, fue una gran obra ceremonial de la cultura maya. (SIPSE)
Amplia maqueta de La Ciudadela de San Benito, por donde están ahora los mercados municipales y que en tiempos ya lejanos, fue una gran obra ceremonial de la cultura maya. (SIPSE)
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Sergio Grosjean/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- Continuando con nuestra serie “Mérida, pasado y presente”, hoy nos ocuparemos de un monumento histórico que se encuentra al borde de su extinción total y me refiero a La Ciudadela de San Benito. 

El amplio sector del Centro Histórico de Mérida que hoy ocupan los mercados municipales, en tiempos de la gran cultura maya fue sitio concurrido por ser una importante plataforma ceremonial de la ancestral T´hó, o Ichcaanshihó, y que luego de la Conquista, sobre el monumental basamento se edificó el convento de San Francisco, y alrededor de un siglo después se levantaron las murallas que conformaron la gran fortaleza circundante de planta hexagonal que por sus características arquitectónicas recibió la denominación de La Ciudadela.

De esta importante edificación que ha contenido más de cuatro siglos de la historia de nuestra ciudad capital nos ilustran las acuciosas investigaciones del Arq. Raúl Alcalá Erosa, contenidas en su interesante y revelador libro “Historia y Vestigios de la Ciudadela de San Benito”, mismo que por sus aportaciones históricas, sin duda debería ser reimpreso. 

Desde la publicación de dicha obra en dos ediciones, Alcalá nos comenta que ha continuado su pesquisa así como la propuesta de la creación de un Museo de Sitio en donde pudo realizar el hallazgo de una sección de la muralla que había encontrado y que era utilizada como muro posterior de una de las estructuras de las naves de la antigua estación del ferrocarril (Mérida-Peto), lo cual había generalizado la opinión de que no quedaba en pie nada de la fortaleza. Asimismo, unas arcadas del Convento, integradas a posteriores edificios, fueron identificadas durante los trabajos de campo del investigador al ser reconocidas desde lo alto del tanque metálico cilíndrico del agua potable que fue construido en 1907 y torpemente demolido durante la administración municipal de Patricio Patrón Laviada.

Para la localización de dichos vestigios, Alcalá debió utilizar ciertos métodos poco comunes entonces como la difícil obtención de imágenes aéreas y vía satelital de la  configuración urbana, mismas que al ser sobrepuestas a la fortuita existencia de una antigua placa litográfica de la ciudad, elaborada entre los años 1864-1865, donde se aprecia el perímetro de La Ciudadela con gran precisión, dando como resultado el sitio que ocupó en el pasado. Así pudo identificarse una sección de casi 40 metros de longitud por una altura de 18 metros correspondiente al lado noroeste del amurallado y que ocupó el antiguo baluarte llamado de San Juan de Dios.

Según planos del siglo XVIII, pueden apreciarse los diversos espacios y edificios tanto conventuales como militares que conformaron La Ciudadela, siendo un caso único en la América hispana en cuanto a la convivencia de dos grupos tan disímiles como eran los religiosos y militares en un mismo recinto amurallado, situación que habría de culminar con la expulsión de los frailes franciscanos en 1821. 

Al Convento y sus dependencias se adosaban las iglesias de San Francisco, San Cristóbal (homónima de la actual) y la capilla de Nuestra Señora de La Soledad, así como una huerta con una hermosa noria que junto con dos pozos profundos, situados en los patios interiores, proveían a todo el recinto del agua suficiente para los diversos usos. La noria se encontraba cubierta con una bóveda de mampostería similar a la que aún se conservan los conventos de Mama, San Bernardino de Siena en Valladolid y Conkal.

En el sector noreste, correspondiente al baluarte llamado de Nuestra Señora del Carmen, fueron localizados recientemente vestigios de basamentos y muros coloniales y del antiguo adoratorio maya, a raíz del triste caso del derrumbe de un predio en la calle 54 x 65. Dichos cimientos, de tipo corrido, coinciden con lo que fue el área de habitaciones o celdas de los frailes franciscanos, de lo cual dio fe nuestro entrevistado y el INAH, lo cual ha venido a corroborar la importancia del trabajo de investigación y registro del monumento en su ubicación original.

Finalmente, también se han iniciado los trámites correspondientes a la solicitud de intervención de dicha dependencia federal, con el fin de llevar a cabo los estudios correspondientes y el dictamen para la reconstrucción y restauración del predio en el cual se encuentra le sección de la muralla hallada e identificada como parte de La Ciudadela de San Benito, según las investigaciones de Alcalá Erosa, lo cual seguramente nos permitirán identificar otros vestigios arquitectónicos y arqueológicos que aún yacen en el subsuelo de nuestro Centro Histórico. Importante y necesaria asignatura pendiente del INAH,  esperando no ser nuevamente testigos de un carpetazo. Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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