20 de Septiembre de 2018

Yucatán

La niña que aún pide a su mamá en Valladolid (Parte II)

Un cliente mata a una mesera en antiguo prostíbulo y huye; años después regresa arrepentido y se cuelga en el mismo lugar.

En estos cuartos hace muchos años se ubicaban las habitaciones de las meseras. (Jorge Moreno/SIPSE)
En estos cuartos hace muchos años se ubicaban las habitaciones de las meseras. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En los pasillos de la Casa de la Cristiandad de Valladolid, donde antes operaba un prostíbulo, rondan varias almas en pena. Después de una exhaustiva investigación, Jorge Moreno descifra qué sucedió en ese lugar antes de ser donado a la iglesia. He aquí la segunda parte de su relato "La niña que aún pide a su mamá en Valladolid".

A través de recortes hemerográficos me enteré que en el interior del prostíbulo habían muerto al menos seis personas: un cliente al que le apodaban el doctor (ya que siempre acudía vestido de blanco) y, al parecer, había tenido un infarto mientras se encontraba en una habitación con una fichera; otro parroquiano fue asesinado por una mesera en defensa propia; tres prostitutas fallecieron desangradas cuando se les practicaron sendos abortos clandestinos, y la última muerte es la que presuntamente está relacionada con las hechos paranormales que hasta la fecha ocurren en ese lugar.

Se trataba de una joven mesera que se negaba a las peticiones de un cliente, por lo que éste pistola en mano la llevó a la fuerza a un cuarto y luego de abusar de ella la asesinó de un disparo en el rostro ante la mirada atónita de su pequeña hija que recién había cumplido 5 años de edad y que vio todo lo ocurrido debido a que estaba escondida en el clóset de la habitación.

Hay dos versiones: unos aseguran que el cliente también mató a la niña y la enterró en este mismo lugar –ya que parte del piso era de tierra-, y otros señalan que una mesera que era amiga de la asesinada decidió huir del lugar y llevarse a la huérfana.

Sin pistas del ahorcado

Hasta esta parte de la investigación no tenía ninguna pista del ahorcado que veían los jóvenes en la habitación número seis, ya que no había ninguna información oficial que hablara de una muerte de este tipo en ese lugar.

Cabe mencionar que en aquellos años el prostíbulo se encontraba a las afueras de la ciudad, junto al monte, pero con el paso del tiempo se construyeron fraccionamientos residenciales en los alrededores, los cuales ahora colindan con este edificio que fue abandonado por sus dueños cuando cerró –al parecer clausurado por el Ayuntamiento- y luego de algunos años fue donado a la iglesia, que lo convirtió en Casa de la Cristiandad.

Ahí se celebran misas todos los domingos, mientras que los sábados los grupos de catequistas y eclesiásticos hacen diversas labores, como retiros espirituales. Entre semana este caserón permanece cerrado. El lugar es administrado por la iglesia del barrio de Sisal. Su arquitectura le da un aspecto misterioso y hasta cierto punto macabro, pero quiero aclarar que esto último no siempre es sinónimo de que ahí tengan que ocurrir fenómenos paranormales.

Jóvenes que acuden con frecuencia a este lugar me aseguraron que durante las juntas se escuchan voces que provienen de las habitaciones vacías, ven la silueta de una mujer rondando los pasillos y también han aparecido “huellitas” de pies humanos en sitios en donde no tiene acceso ningún niño.

Mucha actividad paranormal

También comentan que desde antes que cerraran el prostíbulo ya empezaban a darse situaciones de terror en el sitio.

“Los meseros veían sombras de personas desfiguradas en el área de la cocina y en la bodega, varios renunciaron debido a que les pegaron un buen susto”, me dijo uno de los informantes.

Aunque no lo pude confirmar, una versión señala que el dueño –de origen extranjero- no creía en nada de esto hasta que lo vivió en carne propia, y fue tanto el terror que tuvo cuando un “ente de aspecto regordete” (dicen que fue el difunto doctor) lo espantó, que decidió abandonar el lugar.

Vecinos que actualmente viven cerca de este sitio me platicaron que cuando eran nuevos en esa zona escuchaban el llanto de una niña, y en más de una ocasión la vieron atravesando el muro exterior que se ubica a un costado de donde mataron a la mesera.

La descripción física coincide con aquella niña que vio cómo asesinaban a su madre. Esto no sólo confirmaría que la infante falleció, sino que se trata de la misma persona y por algún motivo ronda o permanece en ese lugar para llorar a su mamá.

Durante el primer recorrido que hice con mi equipo por el interior del lugar nada extraño notamos, y las cámaras de video tampoco grabaron algo fuera de lo común; lo interesante vendría un día después…

Imprevista psicofonía

Mientras entrevistaba a una señora en la parte exterior de la Casa de la Cristiandad, quedó registrada en mi grabadora reportera la voz de una niña que claramente dice “mamá, maaa, mamá”. Cabe mencionar que en ese momento sólo había personas mayores con nosotros, no había ningún niño, y además la voz se escucha en primer plano, como si la dueña de esa voz infantil hubiera estado a un par de metros de la grabadora.

La primera parte de esta investigación y la psicofonía la estuve presentando durante la "Gira Paranormal 2008" en varias ciudades y municipios del sureste del país, y también la publiqué en la edición número 147 de la revista “Misterios”. Sin embargo, tendrían que transcurrir casi dos años más para que llegara a mis manos información inédita y trascendental en este caso.

Recibí un correo electrónico desde Macuspana, Tabasco. Una señora oriunda de esa ciudad me decía que con cierta regularidad leía la revista “Misterios” y ahí había seguido con mucho interés este caso.

Confirmado desde Macuspana

Los datos que en ese entonces publiqué le sirvieron para confirmar algo que le había contado su abuela años atrás:

“Mi abuela vivía en Valladolid, ella era mesera, no le daba pena decirlo, ya que no ejercía la prostitución; ahí conoció a quien luego sería su esposo, un tabasqueño que se enamoró de ella; le propuso matrimonio y ella sin pensarlo le dijo que sí”.

“Planearon viajar a la tierra de mi abuelo –Macuspana– para casarse, pero dos días antes de renunciar al prostíbulo ocurrió el asesinato de la mesera, quien era una de sus mejores amigas. La niña se salvó de milagro, ya que el asesino le disparó a quemarropa, pero estaba tan borracho que no le dio, soltó la pistola y se sentó en el piso, ahí se quedó un buen rato antes de huir”.

“La niña salió corriendo y fue al cuarto de mi abuela, quien había escuchado el disparo, ante semejante tragedia no lo pensó dos veces y decidió llevársela a Macuspana, su prometido aceptó sin pensarlo. Por desgracia, la niña padecía de anemia y falleció casi un año después, la enterraron aquí en el municipio y mis abuelos siempre visitaron su tumba en el panteón. La querían como a una hija a pesar de que convivieron muy poco con ella. En total tuvieron cinco hijos –mis cuatro tíos y mi mamá– y todos ellos, a pesar de que nunca la conocieron en vida, se referían a esta niña como su hermana mayor”, explicó.

Luego de que me diera esta invaluable información, le pregunté si conservaba alguna foto de ella; me contestó de manera afirmativa, de esta forma pude conocer a la niña que, a pesar de haber fallecido hace décadas y estar enterrada en Tabasco, aún "viaja" a Valladolid para ver a su madre.

Tumba improvisada

¿Por qué la niña acude a ver a su madre al prostíbulo y no al cementerio en donde está enterrada? La respuesta es desgarradora: la mesera nunca fue llevada a un panteón, sus restos fueron tirados en un pozo ubicado en los patios del lugar. El pozo fue clausurado y nadie sabe con exactitud dónde está, ya que al parecer se han realizado construcciones encima.

Las autoridades me dijeron que no pueden intervenir ni realizar alguna excavación porque, independientemente de lo complicado y costoso, no existe una denuncia de por medio; además, el delito de homicidio (el cual no fue denunciado y perseguido de oficio en su momento gracias a las influencias de los propietarios) ya “expiró” luego de tantos años.

La señora de Macuspana también me dijo algo relevante: el cliente que asesinó a la mesera se llamaba Clemente, y era su amasio desde meses atrás y nunca quiso a la niña, tal vez por ello intentó matarla, y aunque no le consta, una de las excompañeras de la víctima le dijo años después a su abuela que Clemente regresó arrepentido a este lugar –que para ese entonces ya estaba en decadencia– y al recordar lo que había hecho, influenciado por los efectos del alcohol, se ahorcó ahí mismo.

¿Es acaso el alma en pena de esta persona la silueta del ahorcado que ven los jóvenes de la Casa de la Cristiandad?

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